Conectarse

Recuperar mi contraseña

Pais: Japon
Ciudad: Tokio
Año: 2012
Temporada: Primavera
NOVEDADES DEL FORO
Últimos temas
» A Place to Escape
Vie 18 Mayo 2012, 9:04 am por Evye Radcliff

» Revolution Army {normal}
Miér 16 Mayo 2012, 6:16 pm por Invitado

» Aoi Nahase
Miér 16 Mayo 2012, 5:10 pm por Aoi Nahase

» Lost Dimensions {Elite}
Mar 15 Mayo 2012, 10:37 am por Invitado

» New Friend?~
Lun 14 Mayo 2012, 11:17 pm por Laira Asbruch

» Reglas de Habilidades y Poderes.
Lun 14 Mayo 2012, 6:15 pm por Aoi Nahase

» Normas Generales
Lun 14 Mayo 2012, 6:15 pm por Aoi Nahase

» 15 post antes de que postee un chico~
Sáb 12 Mayo 2012, 3:33 pm por Skulð Jensdóttir

» • Toxicity Photoshop { Afiliación Élite & Hermano }
Vie 11 Mayo 2012, 7:46 pm por Invitado

» Segunda ronda, sorpresa entre aulas.
Vie 11 Mayo 2012, 2:23 pm por Skulð Jensdóttir

» Outside
Miér 09 Mayo 2012, 11:48 am por Sanctus Kurami

» Blackout
Miér 09 Mayo 2012, 12:18 am por Yerik Maskoff

» Mientele al de arriba
Lun 07 Mayo 2012, 11:44 pm por Yuuki Izuna

» ¿Con quien casarias al de arriba?
Lun 07 Mayo 2012, 11:44 pm por Yuuki Izuna

» Yo confieso...~
Lun 07 Mayo 2012, 10:22 pm por Keyla Hayes

» El que llege a 1000 gana
Lun 07 Mayo 2012, 10:19 pm por Keyla Hayes

» ¿Como vestirias al de Arriba?
Lun 07 Mayo 2012, 10:18 pm por Keyla Hayes

» ♥Relaciones de Keyla♥
Dom 06 Mayo 2012, 9:58 am por Keyla Hayes

» No Other Way
Sáb 05 Mayo 2012, 11:10 pm por Rodney Aubert

» Instituto Kazekuro
Sáb 05 Mayo 2012, 3:48 pm por Yoko Hasekura

» Relationship
Sáb 05 Mayo 2012, 1:10 pm por Laira Asbruch

» {Fear Love} Afiliación élite
Vie 04 Mayo 2012, 9:08 pm por Invitado

» Di lo que quieras
Vie 04 Mayo 2012, 12:31 pm por Yuuki Izuna

» El ultimo post gana
Vie 04 Mayo 2012, 12:31 pm por Yuuki Izuna

» Cierre de Temas
Vie 04 Mayo 2012, 5:00 am por Skulð Jensdóttir

Este sitio está protegido bajo al licencia de Creative Commons manteniendo todos los derechos reservados de cada obra respectiva a su autor. Las imágenes, estilos, brushes y patterns que se muestran pueden provenir de lugares como DeviantART, Zero chan entre otros. Todos los escritos, formularios y formatos de texto que conforman la información primordial como historia y reglamentos así como diseño personalizado y obra grafica provienen del grupo administrativo Radical Dreamers. Diferentes proyectos, historias personales y personajes que se encuentran aquí pertenecen a otros diversos autores.

Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo] 5 5 1

Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Kaneko Hiiga el Miér 11 Ene 2012, 4:47 pm

Los días iban pasando poco a poco en la rutina del hospital. A veces las emergencias se hacían un poco más duras, los fines de semana, u otros días más señalados. Pero últimamente había algo que estaba preocupando a los médicos de urgencias, y era el aumento de la violencia en las calles que estaba habiendo últimamente. Muchas veces llegaban pacientes moribundos con un brazo arrancado de cuajo, alegando los testigos que había sido un perro, y otros, una persona. Pero una persona normal era incapaz de ser el autor de aquellas horribles heridas.

Sin embargo, el día de hoy, Kaneko estaba tranquila. Hoy tenía asignado las consultas de urgencias menores, que siempre eran más fáciles de llevar que aquellas donde la prioridad y la decisión rápida eran esenciales. Alguna descompensación de un asma que no pudiera manejarse con una sesión con oxigenoterapia y broncodilatadores, un sangrado vaginal que rápidamente regresaba con la administración de estrógenos, y finalmente, un señor fumador que decía estar escupiendo un esputo purulento y maloliente.

Y así toda la mañana. Sólo tuvo tiempo de descansar una hora, donde comió en la misma consulta un pequeño sándwich que se había hecho rápidamente en casa. Esperaba que las consultas se terminaran rápido y salir un poco a la calle. No tanto para divertirse, sino para probar y descubrir más cosas sobre ese extraño móvil que llevaba encima, con la capacidad de burlar el tiempo.

Unos minutos después de que terminara de comer, entró en el despacho una buena amiga suya. Había sido enfermera desde hacía bastante tiempo. Era más joven que ella, tenía los ojos muy grandes y la cabellera azulada. Por las curvas que marcaba el uniforme sobre su cuerpo, podía adivinarse perfectamente que tenía un cuerpo perfecto.

- Doctora, le queda un paciente ¿Lo hago pasar?

La había cogido un tanto distraída, manejando el móvil en medio de la consulta, Kaneko dio un pequeño salto encima de su mullido asiento, una silla con ruedas y que podía girarse, por lo que la enfermera sonrió un tanto pícara.

- ¿Otra vez con ése móvil, Doctora? Tiene que ser uno de esos con pantalla táctil ¿A que sí? Son muy viciantes...

- Ehm... no, yo... - la rubia titubeó, había escondido el aparato en uno de sus bolsillos - sólo estaba revisando los mensajes.

- No pasa nada. Mire, venía a avisarle también de que dentro de un rato llegará Will de nuevo.

Will era un farmacéutico muy insistente. Siempre la esperaba en el pasillo, delante de la secretaría del servicio, para ofrecerle sus extraños productos. Era un hombre misterioso, moreno, al que le gustaba ocultarse tras sus gafas de sol. Decía provenir de una empresa llamada "HUMANI" que disponía al mercado los instrumentos y las técnicas diagnósticas más avanzadas del mercado. Y las más caras.

- Ya le dije que no quería aquel dispositivo que detecta automáticamente soplos, ya tengo con mi oído.

- Dice que es algo nuevo esta vez. Que te gustará.

A Kaneko le pareció que no sería bueno negarse de nuevo.

- Bueno, de acuerdo... lo recibiré en mi despacho cuando termine - suspiró - haz pasar al paciente.

Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Invitado el Jue 12 Ene 2012, 10:57 am

Nulidad.

Otro día de vacío indescriptible, en el cual se había encontrado a sí mismo con las vicisitudes de la vida, y en este caso, que arriesgaban, dañaban su vida. Tras haber pasado por un sector baldío que llamó su atención, tuvo que enfrentarse, oponerse directamente a tres maleantes, criminales sin alma ni destino que al parecer habían usado animales para su diversión maltratante, y uno que otro transeúnte incauto, o joven. Patéticos, realmente, suficiente como para que Nazo dispusiera de ellos. Aquella sonrisa, en su flashback, siguió de la oscuridad que los envolvía, movimientos rápidos, muchos golpes, soportar la tortura, engañarlos y hacerles ver que estaba en desventaja, para atacarlos deshonestamente, rematarlos una y mil veces. Todo en un sangriento y a la vez elegantemente bien medido show de caos y destrucción, protagonizado nada menos que por el joven bufón azul, pero que terminaría en su último enemigo, atascado y arrinconado contra el piso, logrando responderle con una patada al de pelos azules, y dándole un cuchillazo potente en su estómago, uno que le abrió la piel, y los tejidos, logrando ser apenas tapado y soportado, mientras dicho maleante escapaba, y los otros dos agonizaban, no muertos, pero sí inconscientes.

Así, Nazo lograría escapar arrastrándose, logrando con varias tretas y uso de objetos no derramar la sangre, a duras penas pudiendo llegar a la facultad en cuestión, nada menos que le Hospital de esa ciudad tan interesante, y sin nombre aparente, como si fuese una locación determinada para sus aventuras bizarras y carentes de completo sentido, o trama, para el caso específico de él. Ya estando en el hospital, de noche, viendo como se movían unas que otras personas, sintiéndose bastante activo, él estaba en una de las muchas sillas de la sala de espera, paciente, esperando, adolorido, sujetando apenas su herida punzante, no profunda, pero si molesta, y dañina eventualmente. Oiría entonces su nombre, o más bien su llamado, ya que nombre como tal no tenía. Nazo no era nadie. Así, se levantó, avanzando a pasos lentos, buscando no preocuparse por algo como el orgullo, ni la dignidad realmente, a pos de no sangrar ni una gota al piso, o fuera, hasta llegar finalmente a la puerta en donde, suponía, estaría la doctora encargada de atenderlo.

No obstante, al ir dirigiéndose hacia el lugar indicado, se dió cuenta de algo. Un sujeto esperaba, impaciente, con una maleta cargada de cosas, semejantemente con una chaqueta que también deducía, estaba llena de cosas, menos cosas que la maleta, pero cosas. Parecía un engatuzador de primera, un tramposo como él mismo, pero de distinto método, modus. Mostró una ligera sonrisa el joven entonces. Al parecer su primera víctima, pagador de su tratamiento... ¡Ya había aparecido frente suyo!

"Y quién dijo que mi suerte estaba mal del todo..."

Al llegar al lado suyo, del tipo, posó una rodilla en el piso, cayendo, producto de su herida, se sujetó, quejándose realmente por la contracción. Al estar al lado del sujeto, este miró al joven, y luego miró hacia el lado, sin mostrar verdadera preocupación, pensando en decir algo, pero el joven levantándose antes, tambaleante un poco. Parecía nervioso el sujeto, al tener a un joven posiblemente dañado al lado suyo. Quizá le ensuciaría las ropas con las que haría sus timos, o quién sabe. Nazo, todo lo que tuvo que hacer, fué demorarse un poco al levantarse, y en aquel tope, cuando el sujeto dejase de mirar, lograr hacer el contacto entre bolsillos. Atrevido, y riesgoso, casi temerario, pero funcional. No mucho, unos 20 o 30 dólares, pero algo. No logró darse cuenta el hombre de negocios, dado que no había sospechado sin mirar, había mirado y luego desviado la vista, que fué la estrategia, psicológicamente reversa del de pelos y ojos azules. Sonriendo, maligno, ya en camino hacia la puerta, sin que el sujeto pudiese verle, estando dudoso de la conducta del joven, pero no sospechoso, podría finalmente pasar. Sujetándose la herida, y sintiendo su corazón latir por su arriesgada maniobra. Arregló como pudo los billetes en sus bolsillos mientras abría la puerta, y por fin entraba.

Ahí, vió a dos personas. Primero, una guapísima enfermera de pelos como los de él mismo, largos, y una figura de matar. Tal vez la remataría más tarde, si estaba en condiciones. Seducirla no era problema. Hacerse el lastimero, cortejarla, piropearla, coquetearla, ofrecerle algo si se ponía difícil, y luego darle con fuerza en algún cuarto de conserjes, o lo que fuese que tuviesen las enfermeras sexys para casos como esos, donde les diese gana con algún colega, doctor que las tratase bien, o paciente del gusto de cada una. Al salir la chica, Nazo le echó el ojo, mirándola fijamente, penetrándola con la vista, y ella le sonrió de vuelta, mostrándose vagamente interesada, como quién no quiere la cosa. Nazo pensaba en que pretendía la idea de penetrarla de otro modo, mostrándose su blanca sonrisa a medida que volteaba la cabeza para verla salir. La enfermera, quizá coqueta, o solo caprichosa, movió un poco la colita, para luego irse, dejando al joven tragando, más cansado todavía. Cerrada la puerta, volteó para ver a la segunda persona.

Una doctora. Su doctora, en este caso. También, bastante guapa, de un modo enteramente distinto al irradiantemente sexual y salvaje que echaba la enfermera. Parecía más centrada, compleja, y a la vez discreta que la otra mujer, pero a su vez reflejaba un aire de corrupta inocencia, como la de una adulta en plenos deseos de seguir siendo una niña... Y con una figura deseable, más baja que la enfermera, de cabellos cortos y dorados, una mirada extraña, perdida, pero concentrada. Unos lindos pechos y caderas, así como piernas, por lástima cubiertas por panties, pero que aún así producían un morbo al estarlo. Pero seguían, sin embargo, siendo sus ojos los que encandilaban a Nazo Tsukuri. Eran como oro puro, líquido, como soles distorsionados pero intensos, recién nacidos. No tenía idea, pero le eran hipnóticos, como las joyas de leyendas egipcias, de las que habría leído en algún libro de biblioteca durante su juventud, antes de su propio Quiebre, o quizá después incluso, vagando y vagando. Parpadeó, sacudiendo la cabeza, y le habló a su doctora, aún con la mano en su estómago.

- No es algo muy complicado, Doc, sólo me apuñalaron unos bandidos, mientras iba de compras. Pasó todo tan rápido, que no pude ni darme cuenta...

Trató a la mujer de manera directa pero respetuosa, llamándola "Doc", pero hablándole de modo preciso, y claro, mentiroso, porque era un maldito mitómano consciente. No sólo había cuidado de no dejar ninguna marca que demostrara que él había empezado, o más bien derivado en gran parte los daños, sino que además las suciedades y posibles rastros le hacían ver como toda una víctima. Parpadeó, sonriéndole con los labios cerrados, y los ojos muy abiertos, rasgos claros de un sociópata adorablemente insospechable como tal afectado por dicha psicopatología. Su única aflicción visible, era la de un cuchillazo que aún le hacía sangrar, y amenazaba su vida. Por lo demás, él era un inocente cordero, herido, de paso. Aunque tal vez insistir demasiado en dicha teátrica lo hacía vulnerable, y además, se enfrentaba a un miembro de la comunidad médica. Además, sospechaba que era astuta, algo le decía, en los ojos esos de la mujer, y su postura, actitud, de que lo era, de que tal vez estaba apostando, y podría perder, ser visto y reconocido como un criminal, como la bazofia miserable que era. Parpadeó otra vez, ahora pensando nervioso en el asunto. No podía perder. Él nunca perdia, él siempre hacía trampa para ganar. Y si quería salir vivo, vendado, no arrestado, y agarrarse a esa enfermera, debía ganarle primero a esta linda doctora... A la cual de paso tampoco le molestaría tirarse. ¡Tal vez hasta lo haría regenerar más rápido!

- Alcancé a esquivar a un par, pero uno me dió el golpe de remate... Logré patearlos, y huyeron cuando pensaron que venían policías, o miembros rivales, no tengo idea. Yo sólo vine corriendo, y he tratado de parar el sangrad...do... ¡Argh!

Otra vez, teátricas, pero reales. Podía notarse su herida, la cual quiso dejar ver, pero sin directamente destapar. Estaba entre el borde de lo actuado, y de lo real, jugando demasiado peligroso... Tal como siempre lo hacía, en el fondo. Porque si no se arrojaba constantemente al precipicio, o colgando de una cuerda, era vivir el mismo vacío que siempre lo envolvía, la nada absoluta. Miró a la Doctora con un gesto dolido, pero paciente, esperando el tratamiento a corresponderle. Pensando que con ese nuevo movimiento podría llevar el juego a su propio lado.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Kaneko Hiiga el Jue 12 Ene 2012, 3:31 pm

Siempre se había dicho que Japón ha sido un país puntero en lo que se refiere a la tecnología. Pero los servicios de urgencias dejaban todavía mucho que desear. El sistema sanitario japonés estaba basado en seguros, por lo que aquellos que no lo tuvieran no tenían acceso a él.

En ese caso, Kaneko, estaba obligada a pagarles a sus pacientes por los tratamientos que requerían, pero muchas veces no lo hacía, con el consiguiente riesgo de que, en el supuesto de que el jefe de servicio se enterase, perder el trabajo. No obstante había veces que la situación lo requería, no podía exigirle dinero al moribundo, lo que derivaba después, en un complicado proceso burocrático para cobrarse la intervención.

En definitiva, trabajaba en un sistema que tenía un enorme elenco de posibilidades para diagnosticar y tratar, pero con una administración muy precaria.

Will, era el que se encontraba en la puerta del despacho de Kaneko, esperando pacientemente. El chico que había llegado hace poco a urgencias estaba herido, y clavó justo a su lado una de sus rodillas, aprovechando ese momento de "debilidad" para robarle algo al representante farmacéutico. Este no se había enterado de nada, pero lo había visto quejarse en el suelo.

- Señorita Kaneko - el hombre tocó varias veces la puerta, para luego abrirla - tiene aquí un paciente arrastrándose por el suelo.

La doctora se extrañó de que fuera el farmacéutico y no el paciente el que entrara por la puerta, pero luego entró el joven. Llevaba una mano siempre en el vientre, como para intentar parar la hemorragia. Hablaba y caminaba despreocupadamente, diciendo que no era nada complicado. Según dijo, le habían atacado unos bandidos por la calle. A pesar de estar tan tranquilo, el chico estaba pálido, por lo que había perdido sangre. Eso sí, el apodo de "doc" no pareció gustarle, para nada, y es por eso que frunció el ceño un poco, aunque eso hiciera verla aún más adorable.

- Rápido, acuéstate allí - dijo, señalando una camilla que se encontraba pegada a la pared - y usted, fuera, tengo que atender rápido a este paciente.

Kaneko empujó al farmacéutico, que levantó los brazos para salir rápidamente del despacho, en la entrada, llamó desde allí a la enfermera de antes, la del pelo azul. Su paciente volvió a quejarse.

- ¡Mai, rápido, trae los instrumentos de cirugía ambulatoria! - luego se dirigió al chico - No te preocupes, estás en buenas manos.

Kaneko lamentaba mucho haber dejado a un paciente con una herida al final de la consulta ¿Porqué no la avisaron antes? Después de todo, son los que siempre están primero en la lista de prioridad.

La enfermera no tardó mucho en traer un carrito cubierto por un manto azulado. Encima se disponían ordenadamente numerosos utensilios quirúrgicos de cirugía menor, como pinzas, tijeras, gasas, mosquitos y un pequeño bol metálico. Habían algunas botellas con suero, y algunas jeringas. La enfermera sonrió al chico peliazulado, antes se habían lanzado bastantes indirectas sexuales, y es por eso que el hecho de pincharlo en ese momento, le resultó una acción ciertamente "morbosa".

- Coge sólo un poco de sangre, y mándalo rápidamente al laboratorio, quiero un hemograma, bioquímica y pruebas de coagulación, urgentes.

Mai obedeció, con los guantes de látex ya puestos, tomó un pequeño elástico y enredó el brazo de Nazo, haciendo un pequeño nudo para unir los dos extremos. Se puso los guantes y procedió a pincharle con la aguja.

- Aguante la "penetración" señor... - canturreó con una voz sugerente. Kaneko, que estaba al lado, preparándose, la miró con un gesto despectivo. Aún así se acercó al muchacho, inclinándose sobre él.

- ¿Cómo dices te llamas, chico?

Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Invitado el Sáb 14 Ene 2012, 5:42 pm

Miró hacia atrás entonces, una última vez antes de que el sujeto aquel se fuese. Para él resultaba irónico que el mismo al que había robado sin más motivo que la posibilidad de robarle y el hecho de saber que tenía dinero, terminase siendo el que lo auxiliara, aún si únicamente avisando de su presencia a la doctora. Una sonrisa interna ocurrió en aquel instante, burlable, no alcanzando entonces a gestualizar de modo alguno para notar a la enfermera, exquisita enfermera regresando, notando perfectamente como él le había mirado el culo con los ojos más de baboso posible. Ojos que no habrían sido vistos de modo perfecto, de no ser porque la peliazul se dió vuelta, ennervándolo completamente. Tosió un poco, viendo a la enfermera sonreír para luego recostarse en la camilla como ordenó la doctora. Pareció a dicha, la rubia que el mismo joven había examinado mientras, no gustarle el término "Doc", por lo cual el mismo joven de pelos azules mostró una leve sonrisa, como si se hubiese arrepentido, pero a punto quizá de decirle "Doc" otra vez, pero sin hacerlo realmente, sin decir nada en absoluto. Oyó los pasos de la enfermera sexy, y la vió llegar de nuevo, encontrándose en un extraño reino temporal y sensorial.

Ausencia intensa, vacío envolvente, como si estuviese realmente lejos, paralizado completamente, echado cual bulto, cadáver amorfo, sin una verdadera silueta, escuchando el metálico sonido del carro, azulado envoltorio, blancos uniformes y paredes monocromas. Un oscuro plomizo envolvía el ambiente, posiblemente producto de sus propias percepciones únicamente, o del olor a sedante en el entorno, o lo que él creía que lo era, aún si estuviese verdaderamente limpio en lo absoluto. Tal como si fuese una pantalla distorsionante en blanco y negro de la vida, donde él estaba perdido, siendo auxiliado, o tal vez despachado. Por un segundo la hermosa y sensual enfermera, así como la misteriosa y dulce doctora se sentían como ángeles de la muerte, dispuestas a darle su último toque, el asalto metálico, liberarlo de su sufrimiento, mientras él cerraba a veces los ojos, y los abría lo más posible, para no perderlas entonces de vista, manteniendo su consciencia a medida que seguía tapándose la herida del cuchillazo.

Tuvo una memoria entonces de la crueldad con la que torturó a los sujetos que le atacaron, y de su propia estupidez por confiarse con uno de ellos, de su propia risa al castigarlos por ser escoria, y de la karmática retribución por ser él mismo una escoria creyéndose un falso héroe. Falso héroe que sabía que jamás podría ser. Abriendo bien los ojos, miró a la enfermera peliazul sonreírle, erótica, incluso creyendo haberla visto relamerse fuera de la vista de la, aunque astuta, concentrada ahora, doctora. Tragó él entonces, ante esto, mientras la doctora ejercía sus ordenes, siendo estas seguidas por la ágil y habilidosa enfermera, la cual se posaba al lado suyo, lo envolvía con fiereza pero cuidado, cariñosa pero firme, precisa. Miró hacia los ojos de la chica de pelos largos y figura escultural, para entonces concentrarse en su falda, su camisa. No sólo miraba esas tetas colgando, excelentes, redondas y suaves, sino que deducía que ella estaba llevando portaligas, muy posiblemente, y si apostaba impulsivamente, deducía que de color negro, o rojo apasionado. Notó como ella le empezaba a pinchar entonces, oyendo su indirecta, sonriéndole de vuelta casi con maldad, pero mostrándose de modo más visible, para la doctora al menos, tan sólo agradado por el servicio que le ofrecía la enfermera.

"Tal vez podría penetrarte yo de una manera mejor, Nurse-san..."

Fué firme en sus pensamientos, era casi como si le hablara a través de los ojos logrando una telepatía. Telepatía inexistente, pero que al mirar los ojos azules de la mujer, notaba que ella posiblemente le entendía, esta absorbiendo el líquido vital entonces, causándole un dolor mínimo, más bien por la sorpresa del pinchazo. Aquella enfermera rió levemente, como si enternecida por ese reactuar, tal como si Nazo fuese un niño pequeño con su primera aguja. Aquello era porque hace mucho que no iba realmente al doctor, de esa manera. No es como si tuviera manera de hacerlo. No pudo evitar hablarle, antes de que ella se fuera, ya sacando la jeringa.

- Tiene usted unas buenas manos, Nurse-san...

"Y estoy seguro que podría usarlas de muchos otros modos, mucho mejores..."

Mostró ahora una sonrisa desafiante ante ella, la cual respondió con un gesto amable, igualmente opositivo, sacando las tiras envolventes del brazo del joven, para seguir con su trabajo eficientemente, sin decirle nada, excepto guiñarle un ojo, creía él, quizá imaginándolo por la leve pérdida de sangre. Al irse, Nazo le buscó mirar si realmente usaba las ligas que imaginaba. Ella, en el camino, abriendo la puerta, movió su mano "casualmente" para desplazar la falda de su uniforme. Así es, llevaba algo negro, no sabía si ligas, o medias, Nazo no alcanzó a ver por el maréo que tenía debido al efecto de la sangre perdida. La enfermera, o Nurse-san como la llamó Nazo sonrió contenta, yéndose finalmente. Por esa ronda al menos, derrotado, el joven se concentró en la doctora, seria, pero ida, inusual, extraña, de panties blancas y seria, no quiso llamarla doc. La pérdida sanguínea había menguado sus habitualidades maldadosas. Al menos un poco.

- Sensei... No parece que me hayan dado en el hígado, pero me dolerá cuando vaya a orinar si es que me dieron en los riñones, ¿No?

Por supuesto, completamente apropiado y cortés a la hora de hablar. Rió ligeramente, por un instante empezando a sentir algo inverso al momento anterior. Una extraña idea de calidez, como si por fin estuviese siendo protegido, o cuidado, queriendo tentarse unos instantes de caer en la ilusión del cariño y la aceptación, pero sabiendo por completo que era falso. Temía realmente, tal vez era su instinto alejándolo de la muerte que le hacía abrirse a ese potencial, así como el simple hecho de su sociopatía, su psicosis, entre otras. Soltó un quejido molesto, audible, y leve, aunque profundo, para entonces mirar hacia la doctora, la Sensei. Parpadeó unos segundos, imaginando que ella tendría problemas con él, con un molesto paciente acuchillado. Ni él mismo se esperaba el haber tenido ese golpe de suerte, o más bien de consecuencias. ¿Y si realmente tenía alguna enfermedad? Más problemas que tratar. ¿Porque eso era, no? Una carga para la sociedad, para el mundo, un despojo que no tenía nombre ni procedencia, o posición alguna, un comodín transparente, inútil, enteramente, para nadie que no fuese él mismo, un parásito consecuente. Por un segundo, mirando las piernas de la doctora, sintió ganas de recostarse en ellas, y morir ahí, nada más. Pero no era ni tan cobarde, ni tan suertudo como para permitirse eso, porque la misma profesional no caería en eso, porque posiblemente tampoco le daría tal gusto, y porque su propia Maldición del Arlequín le impediría acabar todo tan fácil. Siempre el peor método posible era el absoluto para salvarse. Mentó el hecho de que había robado una buena cantidad a los maleantes, pero que aún sumado a lo escaso que pudo sacarle al viejo de afuera, terminaría teniendo que ser todo gastado para pagarle, en caso de que el cuchillo hubiese tenido alguna infección por oxidación, o la mierda que fuese. No sabía, pero deducía.

- Me llamo Nazo, Sensei... -Por instantes, sintió pena, pena que no mostró en sus ojos, no del todo, porque era un experto. O eso creía- ¿Y usted, cómo se llama? -Preguntó entonces, parpadeando un par de veces, y sintiendo sus ojos distintos tras hacerlo. No sabía exactamente que pasaba, pero recordaba esa cliché frase: "Los ojos son la ventana del alma"- También me gustaría saber como se llamaba...

No alcanzó a concluir "...Aquella enfermera", para sentirla, y verla entrar. Tal, sonrió levemente con los resultados obtenidos, siendo impreciso si había alcanzado a escuchar al joven de pelos azules decir eso último. Nazo se quedó callado entonces. Por una vez, pensó que quizá debería callar, y otorgar. Ya vería que haría después, y como cumpliría sus planes, como seguiría su existir. Como continuaría con lo más importante y único que le quedaba por cumplir. Sobrevivir.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Kaneko Hiiga el Sáb 14 Ene 2012, 8:12 pm

No sabía exactamente qué había pasado entre la Mai y aquel chico, pero no importaba, pues ahora la que estaría allí con él seria ella. Luego le podría preguntar qué es lo que la llevó a decir uno de esos comentarios. Kaneko sabía muy bien que la enfermera estaba un tanto desesperada sexualmente después de que la hubiese dejado su último novio, pero le parecía excesivo que intentara desahogarse con los pacientes.

- Gracias, usted tiene una buena vena para pinchar - le respondió, sonriendo, y dejando el tubito de la muestra en un soporte, con muchos otros. Le había pegado un pequeño papel, en el que escribió el nombre del chico nada más se lo dijese a la facultativa.

- ¿Seguro que puede hacerlo sola doctora? - preguntó la enfermera aún en el marco de la puerta.

- Por supuesto - respondió, volviéndose hacia ella, para luego concentrarse del todo en su paciente - Me puedes llamar Kaneko. No hace falta que me llames "doc", ni "sensei". No estoy por encima de nadie - repuso la doctora.

Ahora los habían dejado a los dos solos en la sala, Kaneko se había puesto una pequeña mascarilla que le tapaba la boca, llevaba los guantes de latex y tenía la mesa justo al lado para poder maniobrar, tomó el borde de la blusa.

- ¿Puedo quitarte la camisa? - preguntó antes.

La facultativa le retiró la prenda al chico para dejar el abdomen expuesto, se estaba tapando una herida con la mano derecha, totalmente ensangrentada. Kaneko la movió y le echó un vistazo a la laceración que cruzaba la barriga del muchacho hasta llegar a la zona justo por debajo del esternón. Era un gran corte, pero no era profundo, Kaneko limpió los bordes con cuidado y tomó una de las jeringuillas que le había preparado Mia para esa ocasión. Se trataba de un anestésico local.

- Esto quizá te duela un poco, Nazo-san - le avisó, antes de poner el anestésico en el borde inferior de la herida. La aguja entró en su piel con facilidad y echó en ella una pequeña parte del líquido, luego repitió este método con el borde superior y luego lo mismo con las comisuras que limitaban la herida de un lado a otro. La tocó entonces con el dedo índice para asegurarse de que el chico no sentía dolor.

- Tienes suerte, no parece que haya sido nada serio, tan sólo has perdido un poco de sangre. Lo único que te vas a ganar de recuerdo va a ser una gran cicatriz - le dijo, mirándolo a los ojos, preocupada.

Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Invitado el Dom 15 Ene 2012, 8:57 pm

Mostró entonces una sonrisa pícara ante la hermosa chica, al oirla decir eso, para luego verla irse, pensando preventivamente que sería un poco estúpido de su parte decir su nombre posteriormente, pero que no podía evitarlo. Sentía molesta incluso, pero pensaba que esos pequeños vacíos ¿Legales? podían ser usados a su propio favor por igual. Todo era reversible, siendo esa una de las primeras ideologías del mismo Nazo. Miró por última vez a la enfermera, observando su falda. Le iría a dar una visita más tarde, definitivamente.

- Muy bien, Kaneko...

Aquello le pareció extraño, aunque aún así, mantuvo la sonrisa, con la boca cerrada, pero elevando los labios, después de haber sonreído hacia la enfermera, parpadeando ahora hacia la doctora, algo curioso, e incrédulo de su humildad, cuestionándose el porqué la poseería de ese modo. Aún así, no vendría lo peor hasta después. Abrió sus ojos lentamente, palideciendo lentamente, contrayéndose sus pupilas al oir lo siguiente, y ser inevitablemente "Víctima" de esto, realmente, por no poder mucho, o directamente nada en contra.

Su mano cayó hacia la derecha, quedando posada precipitantemente sobre la camila, exponiendo entonces su herida de cuchillazo. No, no tenía realmente nada que hacer, entrando en extremos nervios, que pretendía calmar para ayudar el trabajo de la doctora, logrando perspirar con más relajación, a un punto tal que incluso pensaba en las opciones más ilógicas...

"Tal vez sólo se fije en la herida principal... ¿No?"

No era posible. Ahora se podrían ver las incontables heridas pasadas que Nazo registaba en todo su cuerpo, desde el cuello, hasta el abdómen bajo, llegando hacia su cintura y cadera, marcándose como pequeñas laceraciones, quemaduras menores, y otras cicatrices varias. Respiró algo agitado, calmándose. Al ser inyectado con el sedante, sólo hizo un ligero ruído, y luego silencio por completo.

- Arh...!

Parpadeó un par de veces y siguió respirando para concentarse. Ahora su... Uno de de sus secretos había sido desvelado como si nada, y no podía hacer nada. Tal vez lo debió ver venir. Miró a Kaneko cuando ya hubiese terminado, y abrió los ojos otra vez, de lleno.

- Sens... Kaneko...

Su mano entonces, la izquierda, la que estaba hacia ella, o mejor dicho su brazo, trataron de extenderse, y lo lograron, tocando muy brevemente por encima de sus redondos pechos, para luego quedar sobre su pierna, como si buscara apoyo, pero también siendo un conveniente reflejo. Miraba de vuelta a la sensei, sintiendo algo de dolor, poco a poco calmándose, aunque notándose realmente afectado. Le vendría muy bien que Mai-chan lo confortase ahora, pero de cierto modo sentía que en ese instante, su tiempo con Kaneko era la prioridad.

- Otra más...

Agregó al oirla mencionar sus cicatrices, en un extraño intento de ser sincero, casi produciendo lástima inconscientemente, y riendo como podía, apenas lográndolo correctamente.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Kaneko Hiiga el Lun 16 Ene 2012, 4:15 pm

A Nazo le había dolido el pinchazo. Este fue a buscar el tacto de la doctora y lo encontró, logrando tocarla un poco más arriba de sus pechos, y luego sus caderas.

- ¡Oh!

Sorprendida, Kaneko dio un brinco. Inevitablemente sus mejillas mostrando un suave sonrojo. No sabía exactamente qué hacer cuando un paciente se aprovechaba de ella, pues nunca le había pasado. Pensó en golpearle, pero se supone que estaba allí para curarlo, no para empeorarlo más. Por último, intentó calmarse, seguramente había sido un pequeño desliz que había tenido el chico a causa de su confusión.

Después de su pequeño atrevimiento, el chico pidió un poco más de anestesia. Kaneko creyó que podría administrarle más sin peligro a una reacción adversa.

- Tranquilo... si te duele, te pondré un poco más - respondió, con la voz un tanto temblorosa, le ponía nerviosa los gemidos de dolor del chico, nunca le habían gustado los gemidos de nadie. Era un claro signo de que no hacía muy bien su trabajo.

Menos mal que aún tenía una jeringa, seguramente, si pidiese más, tendría que llamar a la enfermera o preparar una jeringa ella misma. Le inyectó un poco más de anestésico que fue repartiendo en distintos pinchazos alrededor de la herida. Podría pensarse que estaba torturando al muchacho, pero era totalmente al contrario, ahora mismo el dolor por manipular la herida debería de ser mínimo.

- Ya está - dijo Kaneko cuando hubo acabado. Echó un vistazo rápido al peliazulado para ver que la herida en el abdomen no era lo único que tenía por mostrar, estaba repleto de laceraciones costrosas y de antiguas cicatrices. Kaneko sabía que eso no era normal. Es posible que al chico le pegaran muchas veces y tuviera tanta mala suerte, pero era casi absurdo.

- ¿Dónde te hiciste todo esas heridas? - le preguntó la rubia. Había cogido una aguja que ya tenía enhebrada un filo hilo quirúrgico. La herida era profunda y llegaba a capas subcutáneas, por lo que tendría que cerrarlas primero con hilo reabsorbible - me temo que te tendrás que quedar aquí toda la noche. No es muy seguro que salgas a la calle con este estado.

Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Invitado el Miér 18 Ene 2012, 1:33 pm

Nuevamente su desastrosa mala suerte, primero por tocarla de manera semi-casual, y luego por notarla afligida, al momento de quejarse por la herida. No es como si nadie pudiera ponerse en el lugar de otros, nunca, bajo ninguna circunstancia. A menos claro que tuvieran superpoderes, o algo semejante, claro. Y él era consciente de que a nadie le importaba nadie más, motivo por el cual Kaneko, debía ser igual. Apaciguado era lentamente su dolor, a medida que no sentía dicho, o mejor dicho, nada. Nada era lo que sentía estrictamente, sin usar más palabras, innecesarias para tanta descripción, forzosa o acumulada, producto de las divagaciones de una mente perdida en el vacio, espiritual desde siempre, mental casualmente, y físico últimamente. Ya quieto, sentía como el sedante llenaba su cuerpo, o al menos su abdomen, haciéndole relajarse, sin poder vociferar nada más que un exhalo de alivio.

- Ahh...

Patético era todo, o gran parte de lo que le rodeaba. Personas y seres, indignos que pensaban ser mejor que él, masas carbónicas llenas de ego. Todo tipo de delirantes adjetivos y sustantivos sumados de alta grandilocuencia y poco considerables por las mismas masas cínica apeladas, que pulularían en su cerebro, cerebro ahora relajado producto de la morfina, o el compuesto que fuese que estaba usando la rubia sensei sobre él. Al oirla decir "Ya está", sentía alivio. Nunca tuvo, o no recuerda, o no recuerda querer habido recordar tener algo semejante a una protectora, por lo cual la idea se la hacía Freudianamente agradable... Aún si ella lo despreciara de lo más profundo de sus vísceras, y lindo así como delgado torso.

Medio dormido, escuchó sus palabras, y abrió un poco los ojos. Pensando, no sabía como decirlo... O tal vez no quería decirlo. Miró hacia arriba, fijamente, sin dirigir vista alguna hacia la sensei, pero hablándole apenas ella preguntara, como respeto por la que, literalmente sujetaba la vida del chico, en sus manos.

- Ahí y allá... A veces pasa que casualmente uno se encuentra con casuales encuentros... Y ocurrencias poco usuales...

Totalmente evasivo, claro, pero el tono de su voz y boca, así como ojos, dejaban notar el verdadero motivos de esas heridas. Mayor parte producto de sus incontables fechorías y hazañas malsalidas, o incluso victoriosas, y el otro resto por culpa de... "Aquel día". Sí, aquella vez, misteriosa.

Al oír las palabras que venían, súbitamente su cuerpo se activó. A pesar de estar relajado y casi con ganas de echarse, algo que haría, tendría una notable mejora en su ánimo interno e imperceptible exteriormente. Asintió entonces, entendiendo el mensaje.

- Ok... Muchas gracias, Kaneko sensei...

Le dijo, agradecido... Y agradecido doblemente. Saber que podría quedarse ahí significaba la chance más que absoluta de ir a darle una buena visita a Mai, con todo el recorrido que correspondía. Además, podría hacer de las suyas. Una buena noche le esperaba, y todo gracias a su estúpida suerte, mala, pero útil. Tal como un Arlequín bailand en un paisaje oscuro e incomprensible.

- Muchas gracias...

Reiteró, casi eufórico por dentro, y apenas expresivo por fuera, producto del sedante, y su necesidad de actuación. Aunque sabía que seres como él no tenían ningún avalo, pero no fallaría. Nunca lo hacía, no cuando él mismo los métodos sabía.

- Kaneko-san... Podrías traerme algo para beber? Si es que puedo, claro... Un café o una leche... -Dijo, adolorido, haciendo resonar un poco su malestar, para inflingir lástima.

Ya era hora de que diera comienzo. Su tiempo personal de posibilidades, claro estaba.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Kaneko Hiiga el Miér 18 Ene 2012, 3:51 pm

Aquella fue la típica evasiva de alguien que no quería decir la verdad. No sabía en que se había metido aquel chico, pero tampoco iba a insistir mucho, estando en el estado en el que se encontraba.

- Debes tener cuidado - le dijo.

Kaneko se puso una mascarilla que le tapó la boca hasta su puente nasal. Había empezado a remendar la herida del chico, usando el hilo que había cogido. Poco a poco, los bordes iban acercándose poco a poco. Actuaba a paso lento, pero con soltura. La cicatriz que le quedaría sería, sin lugar a dudas, una de miles que se añadirían al repertorio que tenía ya. Parece que incluso, el joven fuera adicto a coleccionarlas.

- De nada, al fin y al cabo, es mi trabajo - tras la mascarilla, Kaneko le sonrió al chico, pero solo pudo ver un simple movimiento de sus dos sonrosadas mejillas. Ya estaba acabando la primera sutura subcutánea, cuando acabó estiró los dos extremos del hilo e hizo un nudo final, luego, cortó el sobrante con unas tijeras.

- Y recuerda, me puedes decir simplemente Kaneko - repitió una vez más, mientras tomaba una grapadora cutánea y unas pinzas. Con ella fue poniendo grapas por encima de los dos bordes, los cuales, iba elevando con las pinzas. Era un método fácil y sencillo para cerrar la herida, pero fácilmente la herida podría sufrir una dehiscencia.

- Esto ya está terminado, Nazo. Espero que no tengas que volver más por aquí - dijo la rubia - no es porque me caigas mal, pero ya sabes lo que significa cuando vienes al médico ¿no? Que estás enfermo - y dicho eso, le guiñó un ojo.

Cuando terminó el chico le pidió un vaso de agua. Kaneko le pidió al peliazul que esperase tumbado en la camilla y salió del despacho para buscar un dispensador cercano, no sin antes, quitarse y tirar en la basura más cercana la mascarilla. Fuera estaba el farmacéutico, esperándole, quien le abordó mientras llenaba un vaso de plástico con agua tibia.

- Está todavía tu paciente ahí dentro... - le preguntó.

- Pues sí. Se va a quedar esta noche en el hospital, por si acaso empeora su anemia - Kaneko se quedó estática con el vaso en el agua en la mano. Will, siempre había pensado que aquella doctora tenía mucho futuro, pero era muy ingenua a veces. Aquel chiquillo era un matón. Antes le había robado. Se había dado cuenta un poco después, pero el chico ya había entrado dentro de la consulta llevándose unos pocos billetes.

- Yo que tú no le dejaría demasiado tiempo dentro de tu despacho, te lo desvalijará.

Kaneko le miró como si no supiera lo que estaba diciendo. A Will le pareció que era hora de cambiar de tema...

- Te tengo preparado una sorpresa hoy, a lo mejor puedes usarlo para tu nuevo paciente, y así asegurarte de que no está mintiendo.

- ¿De qué se trata esta vez? - preguntó la rubia con desgana.

- Aquí lo tienes...

Will llevaba consigo una especie de portátil con un diseño un de nueva generación, Kaneko negó con la cabeza, pues ya contaba con uno, pero el moreno volvió a replicarle.

- No es un ordenador normal, se trata de un robot inteligente, tiene registradas todas las enfermedades conocidas por el ser humano - luego corrigió - o al menos, las que tenemos registradas en nuestra base de datos, de HUMANI.

- Yo no necesito un robot para ayudarme con el diagnóstico, ya tengo mi propia cabeza - dijo Kaneko, señalándose la frente y dándose ahí unos golpecitos. Will rió con sarcasmo.

- Es una patente, le pedí expresamente al director que tú la usarías, así que no tienes elección, pequeña.

- ¿Cómo? ¿Porqué yo?

- Cómo lo oyes. Hoffman me ha dicho que tú serías la persona más indicada para probarlo, puesto que tú eres una eminencia ¿no?

- Pero...

Kaneko titubeó y observó la pantalla del prototipo, era ancha, como la de un portátil normal. Una H rodante, se mostraba en la pantalla; al fondo, un degradado negro y plateado. Parecía un salvapantallas. No tuvo más remedio que llevárselo a su consulta y entrar con el ordenador en la mano derecha y el vaso en la izquierda.

- Aquí te traigo agua, perdona si he tardado mucho - le dijo - es mucho mejor que el café, el café no sería bueno para ti ahora.

Y seguidamente, dejó el ordenador abierto en la mesa del despacho.

Volver arriba Ir abajo

Re: Asclepius [Priv. Tsukuri Nazo]

Mensaje por Invitado el Lun 23 Ene 2012, 3:23 pm

Ya no sentía nada directamente dañino, ni doloroso al menos. Tan sólo eran punzadas y picores que se marcaban en su abdomen, más como quién siente un tacto indirecto en la lejanía, por el vibrar de la tierra, o golpecitos en la misma mesa donde estuviera reposando su cuerpo. Ya estaba empezando la Sensei a coser la herida, lo cual tampoco le dolía, pero sí le causaba un tanto de nervios, por la sensación indirecta de estar siendo literalmente rearmado como si fuese un muñeco, una marioneta. Al mismo tiempo, pensaba en que Kaneko, como le insistía ella que le dijera él, era tierna, querible, algo extrañamente fría, pero dulce. Al estar mirando hacia arriba y los lados, debido al efecto sedativo, agotador, reflexionaba en el hecho de que quizá, quizá no todos habían nacido par dañar a otros, como pensaba normalmente. Ya había terminado con la herida la joven, curándole entonces, sintiéndose también raro por estar "Entero" nuevamente, suspirando entonces, y escuchándola atento.

- Ajá...

Fue toda su apática respuesta, ante la idea que la doctora puso, y que él estaba a punto de contra-argumentar con el mismo precepto que ella dijo después. A pesar de tener razón, él sentía que no le molestaría verla de nuevo, pero la amargura leve era inevitable. Aún así, descansaría, y tal vez se relajaría. Eso de ser un maldito humano. Nunca más literalmente hablando.

Por fin, entonces, se había ido la doctora. Accediendo a traerla algo de afuera, él no dudó en levantarse, haciéndose a sí mismo girar con el silencio de un ninja moderno, y cayendo sin hacer ruido al pisar, controlando el peso de las partes de sus pies. Algo que había aprendido desde joven, y como un buen coleccionista de propiedades ajenas. Sin embargo, antes de que preparara el sedante para poder emboscar después, algo pasó, cambiando enteramente sus planes. Oyó, o mejor dicho escuchó a los dos hablando no muy lejos de la puerta, al viejo ese que saqueó antes, y a Kaneko-chan.

No sólo estaba delatándolo, sino que la había molestado, y eso sería la gota que derramara el vaso. Tal cual, sus planes cambiarían al escuchar esto. Sin demora, buscó un poco de sedante, envolviéndolo en un paño, guardándolo en su bolsillo, y además unos bisturíes. Luego cerró todo dejándolo tal como está, siendo esta otra necesidad como alguien de su "Profesión", nunca sabiendo con certeza cuando llegaría ella. Así, sus planes habrían cambiado del todo. Tan sólo esperaría a que la chica entrara, atento al momento.

Al entrar ella, miró como le ofrecía un vaso, con agua, y además tenía un computador en la otra mano, posiblemente el que le obligó a usar el viejo ese. Sonriendo, apurado, tomó el vaso, y al escuchar lo que ella dijo asintió, para luego verla ir a su escritorio, y entonces dirigirse él mismo hacia la puerta.

- Gracias! Permiso, volveré pronto...

Y pretendía hacerlo. Al ocurrir esto, vería al viejo, primero, sentándose en el mismo lugar donde él esperó antes, y por otro lado, uno de esos carros donde se llevan implementos del hospital tapados al lado. ¡Doblemente conveniente! Su maldita suerte servía precisamente para esos casos. Al verlo, apenas este se posicionara, él mismo dejaría el vaso casualmente hacia adelante, de modo que el agua llegara justo a sus ojos. Al ocurrir esto, el viejo los cerraría, y se taparía. No habría visto a Nazo ni una sola vez, para cuando el paño con el sedante taparía su nariz, y le haría caer. Nazo aseguraría que cayera de lado, poniéndole entonces rápidamente en el carro, el cual atrapo con un pie, notablemente no haciendo ruido, no demasiado. Logró meter al tipo que ni siquiera pudo dar un grito, para entonces, con los bisturíes, cortarle los tendones de los tobillos, así como otros, de modo que poco tendría para moverse o semejante. Tapando la sangre con objetos de ahí mismo, le dejó sus cosas encima, y lo tapó de nuevo, para luego meterlo en alguna pieza, al lado, dejándolo silencioso de momento. Pensó que tendría que enfrentarlo de algún modo peor o algo, pero todo salió bastante poético, diría. Sonriendo malignamente a su presa, lo dejaría en esa habitación, entraría al baño de esta, llenaría su vaso con algo más de agua, para tomarlo, y luego orinar un poco, limpiándose bien y volviendo al pasillo.

Ahí, entraría donde Kanako, volviendo a echarse en la camilla, mostrando que estaba mejor, o algo, o lo intentaba al menos.

- Kaneko-chan... Me quedaré aquí? Tal vez estaré solo? Podrías llamar a Mai-chan si es posible? Mrhhr...

Hizo un ligero sonido de intranquilidad, quizá comportándose naturalmente como un niño con la doctora, tal vez como un enfermo complejo de Edipo, aunque distinto ligeramente. Mantuvo sus ojos cerrados, retorciéndose a veces de lado a lado, más ben como un gesto teatral. Miró a la doctora, quizá curioso de lo que hacía, pero por el momento preocupado de otras cosas. Ya más tarde tendría que encargarse de las cámaras, y a ese punto, el Hospital entero sería suyo. Posiblemente el crimen más grande que haya cometido hasta la fecha... Y el más entretenido.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permiso de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.