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Los jardines...
:: Mundos Alternos :: El cielo
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Los jardines...
Se encontraba sentada en una de las tantas bancas esparcidas por aquellos pacíficos campos. El cielo era realmente un paraíso, una de las más finas pinturas que puedieran haber hecho, definitivamente la inspiración de muchos artistas... Si pudieran echar sólo un vistazo a aquello que en esos momentos se desplegaba ante los ojos de la jueza se darían cuenta que todo aquello que pudieran crear jamás se acercaría a la realidad...
Exhaló lentamente mientras sentía la brisa acariciar sus hombros ligeramente descubiertos y jugar con su cabello negro azabache. Como siempre cuando no se encontraba en el mundo terrenal llevando directamente sus órdenes a cabo, vestía una toga blanca. Esta era muy sencilla y además el atuendo más común entre ángeles y otros seres celestiales. La tela caía ligeramente como un vestido, dejando al descubierto sus brazos niveos y parte de sus hombros. Además estaba sujeto a su cadera por un hilo dorado.
Sus superiores la habían convocado hacía solo unos día para informarle de las novedades de su zona. Un nuevo ángel sería mandado hacia la ciudad de Tokyo debido a lo revoltosa que se estaba volviendo esta. ¿Quién diría que llegaría hasta tal nivel...? Las criaturas oscuras, venidas del inframundo y otras provenientes del mismo mundo terrestre pero igual de malignas se estaban convirtiendo casi en una plaga y las almas destinadas al paraíso se veían cada vez más amenazadas... Debido que ella había estado ya una temporada en la metropoli y de hecho era la mensajera celestial de tal región, se le había pedido que por favor informara un poco al nuevo acerca de como estaba la situación...
Suspiró esta vez mietras mantenía los ojos cerrados... Realmente no le agradaba mucho tener que hablar del tema. Había vuelto al cielo por una razón específica y recordarla era difícil. Aun así era una órden y como tal la cumpliría sin chistar... Además hasta cierto punto esperaba conocer al sujeto; le habían hablado ya acerca de su personalidad tranquila y eso le agradaba...
En esos mometos se encontraba sentada en aquella banca, bajo la sombra de un cerezo. Había enviado un mensaje al susodicho, indicándole acerca de su encuentro., la hora y lugar y alguno que otro dato importante como una pequeña introducción a su propia persona. Había preferido los jardines, ya que de esa forma la situación podría ser más relajada, tranquila y agradable...
Ahora sólo quedaba esperar...
Exhaló lentamente mientras sentía la brisa acariciar sus hombros ligeramente descubiertos y jugar con su cabello negro azabache. Como siempre cuando no se encontraba en el mundo terrenal llevando directamente sus órdenes a cabo, vestía una toga blanca. Esta era muy sencilla y además el atuendo más común entre ángeles y otros seres celestiales. La tela caía ligeramente como un vestido, dejando al descubierto sus brazos niveos y parte de sus hombros. Además estaba sujeto a su cadera por un hilo dorado.
Sus superiores la habían convocado hacía solo unos día para informarle de las novedades de su zona. Un nuevo ángel sería mandado hacia la ciudad de Tokyo debido a lo revoltosa que se estaba volviendo esta. ¿Quién diría que llegaría hasta tal nivel...? Las criaturas oscuras, venidas del inframundo y otras provenientes del mismo mundo terrestre pero igual de malignas se estaban convirtiendo casi en una plaga y las almas destinadas al paraíso se veían cada vez más amenazadas... Debido que ella había estado ya una temporada en la metropoli y de hecho era la mensajera celestial de tal región, se le había pedido que por favor informara un poco al nuevo acerca de como estaba la situación...
Suspiró esta vez mietras mantenía los ojos cerrados... Realmente no le agradaba mucho tener que hablar del tema. Había vuelto al cielo por una razón específica y recordarla era difícil. Aun así era una órden y como tal la cumpliría sin chistar... Además hasta cierto punto esperaba conocer al sujeto; le habían hablado ya acerca de su personalidad tranquila y eso le agradaba...
En esos mometos se encontraba sentada en aquella banca, bajo la sombra de un cerezo. Había enviado un mensaje al susodicho, indicándole acerca de su encuentro., la hora y lugar y alguno que otro dato importante como una pequeña introducción a su propia persona. Había preferido los jardines, ya que de esa forma la situación podría ser más relajada, tranquila y agradable...
Ahora sólo quedaba esperar...



Paulina do Leão- Mensajera Celestial
- Alias: Lina
Obsesión: Tic Toc... Tic Toc...
Re: Los jardines...
Pocos días después de que hubiese llegado a Tokyo y se hubiese instalado perfecta y cómodamente en su apartamento, Katriel recibió un comunicado del cielo cuando en verdad no se lo esperaba; un mensajero celestial le había pedido que ascendiese hasta los jardines del cielo, lugar en el cual lo esperaría para ponerlo al día con la situación de la ciudad y del accionar de criaturas de la oscuridad que estaban quebrantado el orden establecido tantos años atrás.
Llegando el día y la hora pactada se vistió con el atuendo tradicional que los ángeles solían usar, una toga blanca sencilla pero a la vez de aspecto fino, con un cinturón dorado y casi brillante alrededor de su cadera y un par de sandalias de color beige. La terraza del edificio donde vivía era el lugar perfecto para despegar así que hasta allá se dirigió, cuidando de que nadie lo viese con aquellas ropas subió hasta el punto más alto en donde alzó su mirada al cielo mientras la brisa movía gentilmente su larga cabellera.
Después de unos segundos sus pupilas se afinaron, tal como las de un felino se achicaron y en ese momento un par de enormes alas blancas surgieron en su espalda levantando una brisa algo brusca que envolvió el lugar en cuestión de segundos.
-Hace un par de años que no visito aquel lugar… supongo que será agradable volver a ver aquellos hermosos jardines…
Dijo aquellas palabras para sí mismo mientras movía suavemente sus alas como si las estuviese estirando y relajando para que pudiesen entrar en acción, pronto el viento comenzó a concentrarse a su alrededor y de un movimiento brusco sus pies dejaron el suelo para que el trayecto hacia aquel lugar iniciase.
Finalmente en aquellos hermosos prados, una esfera de viento apareció sacudiendo las copas de los arboles cercanos, disipándose poco a poco hasta dejar ver la cara del peliblanco que inmediatamente le echo una ojeada al lugar dibujando sobre sus labios una suave sonrisa. Bajando sus alas las cerró detrás de su espalda para dar unos pasos mientras oía el sonido de sus pisadas sobre el verde pasto del suelo, divisando unos cuantos metros adelante un gran cerezo debajo del cual había una banca de madera, y en ella, sentada una joven de largos cabellos negros que danzaban de forma majestuosa con la suave brisa que soplaba en el lugar.
Aquella visión era realmente majestuosa, digna belleza de un ángel del cielo y fácilmente reconocible como una auténtica mensajera del señor. Caminando lentamente hacia ella volvió a su estado normal guardando sus alas para llegar frente a la mujer y sonreír suavemente, llevándose una mano al pecho e inclinándose levemente para saludarla de forma cortés y educada.
-Disculpa si te hice esperar demasiado tiempo, mi nombre es Katriel… guardián de almas.
Una vez dicho esto bajó su mano y se quedó allí de pie con un semblante sereno y apacible, esperando alguna respuesta de la joven que tenía enfrente, porque en verdad no podía saber cuántos años ella tuviese, pero su apariencia era la de una joven mujer llena de vida tal vez, y un semblante más bien sereno, casi como el suyo, tal vez tan característico de seres como ellos, o tal vez solo una simple coincidencia.
Llegando el día y la hora pactada se vistió con el atuendo tradicional que los ángeles solían usar, una toga blanca sencilla pero a la vez de aspecto fino, con un cinturón dorado y casi brillante alrededor de su cadera y un par de sandalias de color beige. La terraza del edificio donde vivía era el lugar perfecto para despegar así que hasta allá se dirigió, cuidando de que nadie lo viese con aquellas ropas subió hasta el punto más alto en donde alzó su mirada al cielo mientras la brisa movía gentilmente su larga cabellera.
Después de unos segundos sus pupilas se afinaron, tal como las de un felino se achicaron y en ese momento un par de enormes alas blancas surgieron en su espalda levantando una brisa algo brusca que envolvió el lugar en cuestión de segundos.
-Hace un par de años que no visito aquel lugar… supongo que será agradable volver a ver aquellos hermosos jardines…
Dijo aquellas palabras para sí mismo mientras movía suavemente sus alas como si las estuviese estirando y relajando para que pudiesen entrar en acción, pronto el viento comenzó a concentrarse a su alrededor y de un movimiento brusco sus pies dejaron el suelo para que el trayecto hacia aquel lugar iniciase.
Finalmente en aquellos hermosos prados, una esfera de viento apareció sacudiendo las copas de los arboles cercanos, disipándose poco a poco hasta dejar ver la cara del peliblanco que inmediatamente le echo una ojeada al lugar dibujando sobre sus labios una suave sonrisa. Bajando sus alas las cerró detrás de su espalda para dar unos pasos mientras oía el sonido de sus pisadas sobre el verde pasto del suelo, divisando unos cuantos metros adelante un gran cerezo debajo del cual había una banca de madera, y en ella, sentada una joven de largos cabellos negros que danzaban de forma majestuosa con la suave brisa que soplaba en el lugar.
Aquella visión era realmente majestuosa, digna belleza de un ángel del cielo y fácilmente reconocible como una auténtica mensajera del señor. Caminando lentamente hacia ella volvió a su estado normal guardando sus alas para llegar frente a la mujer y sonreír suavemente, llevándose una mano al pecho e inclinándose levemente para saludarla de forma cortés y educada.
-Disculpa si te hice esperar demasiado tiempo, mi nombre es Katriel… guardián de almas.
Una vez dicho esto bajó su mano y se quedó allí de pie con un semblante sereno y apacible, esperando alguna respuesta de la joven que tenía enfrente, porque en verdad no podía saber cuántos años ella tuviese, pero su apariencia era la de una joven mujer llena de vida tal vez, y un semblante más bien sereno, casi como el suyo, tal vez tan característico de seres como ellos, o tal vez solo una simple coincidencia.

Katriel Berisch-

Pareja: Aún no llega ese ser indicado...
Obsesión: El chocolate blanco~
Re: Los jardines...
Aguardaba tranquilamente, sus pensamientos perdidos en cada uno de los detalles que el paisaje le presentaba. Realmente era una visión armoniosa y podría quedarse allí, contemplando nada más, por días seguidos... En realidad no le molestaría si pudiera quedarse del todo, no moverse nunca más y dejar que su mente fuera adormecida por tan bella imagen. El intenso y puro azul del cielo, el rosa suave de los cerezos siempre en flor, el verde intenso de la hierba que se agitada suavemente ante cada mínima brisa, el brillo de un sol benévolo en todo sentido... La armonía que cada sonido natural le agregaba a aquella serenida absoluta y la sensación perfecta en su piel... No hacía frío, no hacía calor...
Cerró los ojos, tratando de apreciar así con igual intensidad con el resto de sus sentidos... fue entonces sin embargo que un repentino viento agitado sacudió el lugar, desordenando sus cabellos negros y haciéndolos jugar a su placer. Una nueva presencia apareció entonces en su área de percepción. Había llegado, podía identificar su aura angelical... Volvió a abrir los ojos tranquilamente y entonces desvió la mirada hasta donde se encontraba aquel al que esperaba. Así como se lo habían dicho, no solo era su ser el que emanaba aquella dulce y buena voluntad, si no su apariencia también... Su rostro mostraba una sonrisa suave y su mirada una paz natural.
Al ver que se acercaba, vestido con la túnica al igual que ella, se levantó también de la banca marmoleada para recibirlo. -En absoluto, ha llegado usted puntual... Yo estaba aquí desde antes por motivos personales... Igual esperar un tanto no habría sido problema en absoluto. -Lo recibió con una igual reverencia mientras le sonreía con naturalidad, expresión que se permitía casi que sólo en el cielo. Pocas cosas habían en el mundo terrenal que le inspirasen tal gesto. -Es un gusto poder conocerlo Ángel Guardián Katriel. Mi nombre es Paulina Do Leao, como se habrá enterado por medio del mensaje que le hice llegar. Soy una de los siete jueces del cielo y actualmente la mensajera celestial responsable de Tokyo también...
Luego de haber terminado la presentación formal, desvió su mirada tormentosa al paisaje nuevamente. -¿Le importaría si conversamos mientras damos un paseo...? -Llevaba bastante rato sentada y prefería moverse un poco. Además tratarían temas en realidad formales, por lo que entre más relajada la atmósfera mejor. Sin esperar realmente una respuesta comenzó a dirigirse al sendero de grandes e irregulares piedras blancas que se extendía de forma serpenteante por los jardines... Esperaba que Katriel la siguiera...
Cerró los ojos, tratando de apreciar así con igual intensidad con el resto de sus sentidos... fue entonces sin embargo que un repentino viento agitado sacudió el lugar, desordenando sus cabellos negros y haciéndolos jugar a su placer. Una nueva presencia apareció entonces en su área de percepción. Había llegado, podía identificar su aura angelical... Volvió a abrir los ojos tranquilamente y entonces desvió la mirada hasta donde se encontraba aquel al que esperaba. Así como se lo habían dicho, no solo era su ser el que emanaba aquella dulce y buena voluntad, si no su apariencia también... Su rostro mostraba una sonrisa suave y su mirada una paz natural.
Al ver que se acercaba, vestido con la túnica al igual que ella, se levantó también de la banca marmoleada para recibirlo. -En absoluto, ha llegado usted puntual... Yo estaba aquí desde antes por motivos personales... Igual esperar un tanto no habría sido problema en absoluto. -Lo recibió con una igual reverencia mientras le sonreía con naturalidad, expresión que se permitía casi que sólo en el cielo. Pocas cosas habían en el mundo terrenal que le inspirasen tal gesto. -Es un gusto poder conocerlo Ángel Guardián Katriel. Mi nombre es Paulina Do Leao, como se habrá enterado por medio del mensaje que le hice llegar. Soy una de los siete jueces del cielo y actualmente la mensajera celestial responsable de Tokyo también...
Luego de haber terminado la presentación formal, desvió su mirada tormentosa al paisaje nuevamente. -¿Le importaría si conversamos mientras damos un paseo...? -Llevaba bastante rato sentada y prefería moverse un poco. Además tratarían temas en realidad formales, por lo que entre más relajada la atmósfera mejor. Sin esperar realmente una respuesta comenzó a dirigirse al sendero de grandes e irregulares piedras blancas que se extendía de forma serpenteante por los jardines... Esperaba que Katriel la siguiera...



Paulina do Leão- Mensajera Celestial
- Alias: Lina
Obsesión: Tic Toc... Tic Toc...
Re: Los jardines...
Observó a la joven mujer ponerse de pie cuando pareció sentir su presencia, era natural que los ángeles pudiesen sentirse entre si, después de todo sus auras eran diferentes a la de los humanos y también a las de cualquier otro tipo de criaturas; naturalmente todos tenían su propia esencia. Observó el rostro sereno de la pelinegra mientras la escuchaba decir que en verdad había sido puntual, pero que ella había estado allí desde más temprano por asuntos personales aunque esperar un tiempo no le hubiese importado demasiado, asintió con suaves movimientos de cabeza a sus palabras para después observarla efectuar una suave reverencia también, pasando a presentarse como Paulina Do Leao; una de los 7 jueces del cielo y mensajera celestial de la ciudad de Tokyo. Asintió con suaves movimientos de cabeza ante sus palabras, aquella bella mujer era su superior y como tal se comportaría con ella, con sumo respeto y cuidado, actitudes que en verdad eran comunes en su persona.
Aún permaneciendo en silencio la observó desviar su mirada hacia los hermosos parajes verdes que los rodeaban mientras su larga cabellera ondeaba en el aire, para luego proponer que diesen un paseo mientras conversaban.
-Me parece muy bien señorita Paulina, caminar por estos senderos sin lugar a dudas trae paz al alma…
Viendo como ella iniciaba el paso sin decir palabra alguna, se puso en movimiento para acercarse nuevamente a ella y caminar a su lado mientras ambos se dirigían al sendero de piedras blancas, aquel que recordaba haber recorrido un par de veces mientras admiraba los alrededores, hermosos paisajes a todo color que solo en el cielo era posible encontrar, aunque en la tierra hubiese infinitos paisajes tan espléndidos, los jardines del cielo tenían ese algo especial, casi como si el tiempo se detuviese y fuese eterno, con aquella paz tan grande que parecía rodear cada planta y cada átomo del aire que allí se respirase.
-Supongo que vamos a hablar de la razón por la cual ahora estoy en Tokyo… algunas parecieron estar cambiando abruptamente en los últimos tiempos…
Bajando la mirada observó la sombra de ambos reflejarse suavemente sobre la roca blanca mientras sus sandalias hacían pequeños ruidos en fricción con la piedra, escuchando el viento soplar suavemente moviendo de forma gentil algunos de sus mechones blancos, mientras caminada de forma serena esperando a que la pelinegra a su lado le hablase acerca del tema por el cual lo había citado en aquel lugar.
Aún permaneciendo en silencio la observó desviar su mirada hacia los hermosos parajes verdes que los rodeaban mientras su larga cabellera ondeaba en el aire, para luego proponer que diesen un paseo mientras conversaban.
-Me parece muy bien señorita Paulina, caminar por estos senderos sin lugar a dudas trae paz al alma…
Viendo como ella iniciaba el paso sin decir palabra alguna, se puso en movimiento para acercarse nuevamente a ella y caminar a su lado mientras ambos se dirigían al sendero de piedras blancas, aquel que recordaba haber recorrido un par de veces mientras admiraba los alrededores, hermosos paisajes a todo color que solo en el cielo era posible encontrar, aunque en la tierra hubiese infinitos paisajes tan espléndidos, los jardines del cielo tenían ese algo especial, casi como si el tiempo se detuviese y fuese eterno, con aquella paz tan grande que parecía rodear cada planta y cada átomo del aire que allí se respirase.
-Supongo que vamos a hablar de la razón por la cual ahora estoy en Tokyo… algunas parecieron estar cambiando abruptamente en los últimos tiempos…
Bajando la mirada observó la sombra de ambos reflejarse suavemente sobre la roca blanca mientras sus sandalias hacían pequeños ruidos en fricción con la piedra, escuchando el viento soplar suavemente moviendo de forma gentil algunos de sus mechones blancos, mientras caminada de forma serena esperando a que la pelinegra a su lado le hablase acerca del tema por el cual lo había citado en aquel lugar.

Katriel Berisch-

Pareja: Aún no llega ese ser indicado...
Obsesión: El chocolate blanco~
Re: Los jardines...
- Spoiler:
- Te ruego disculpas. He tenido una semana bastante agetreada con la Universidad y muy posiblemente las dos que contúan serán iguales o parecidas. Espero poder responder con mayor celeridad la próxima vez. De nuevo me disculpo muy apenada.
-Llameme nada más Paulina por favor, no son necesarias más formalidades de la cuenta... -Estaba ya plenamente acostumbrada a que la llamaran de aquella y formas parecidas, aun así en su tierra de origen, si es que así se le podía llamar al cielo, lugar de su creación como ser existencial, prefería mantener las cosas lo más simples posibles. Además, aun cuando su papel tuviera cierta importancia, en ningún momento llegaba a sentirse superior por esto. -Espero que tampoco le moleste si nada más lo llamo por su nombre... -De igual forma prefería preguntar. Tampoco quería faltarle el respeto al contrario.
Continuaba el camino sin real rumbo alguno. Nada más se dejaba guiar por el sendero sin prestarle atención a sus pies, sus pasos repitiendo una dirección que debieron haber descubierto, o creado, hacía mucho tiempo y que ahora utilizaba de nuevo, un recuerdo profundo despertado de manera inconsciente. Después de todo era un lugar que ella muy a menudo visitaba y que siempre andaba de igual forma: sin misión alguna, con el único propósito de calmar sus pensamientos. No era extraño entonces que conociera aquellos jardines con tanta presición.
Analizó las palabras del ángel de cabello blanco y antes de contestar pensó bien su respuesta. En efecto esa era parte importante de la conversación, pero de igual forma a ella se le había indicado que esclareciera cualquier duda que el joven pudiera tener y obviamente aconsejarlo en la medida de lo que fuera posible.
Además se le había comunicado también, que era momento de qué los ángeles tomaran un papel más activo. Las cosas se estaban saliendo de control y era hora de buscar disminuír el peligro causado por aquellos seres impuros de forma directa y no sólo limitarse únicamente a proteger con actitud defensiva, esperando a ser atacados primero. Para esto sin embargo debía establecer un grupo, una unidad por así decirlo, para entablar estrategias concretas y así actuar con mayor facilidad y apoyo. Si lograba apreciar ese buen caracter de Katriel, del cual se le había hablado ya, podría este terminar siendo su primer recluta si así lo deseaba.
-Así es... mi intención es hablarle de como se encuentran las cosas, pero también disipar cualquier confusión que tenga. -Se dirigió a él observándolo directamente con una sonrisa serena pintada en los labios. -Supongo que ya habrás notado la anormal actividad sobrenatural que se encuentra en Tokyo en estos momentos. En una ciudad tan densa sin embargo, que es de esperarse más bien... El camuflarse resulta mucho más sencillo y el pensamiento racional que desarrollan los humanos cada vez más, en vez de protegerlos, los deja vulnerables a una fuerza en la que ya no creen, y por lo tanto... ya no ven tampoco.
-Cómo podrá haber imaginado, o adivinado ya más bien, la situación actual es un completo caos. -Terminó afirmando sin mostrar algún tipo de emoción especial que acompañara sus palabras, nada más compartía los hechos tal como eran, como ella ya los había vivido. -Así que tal vez deberíamos empezar por el final para saber que ha logrado decifrar o vivir en su corta estadía en la ciudad y que es lo que aun no decifra del todo... ¿Tiene alguna pregunta en especial...?



Paulina do Leão- Mensajera Celestial
- Alias: Lina
Obsesión: Tic Toc... Tic Toc...
Re: Los jardines...
Asintió con un suave movimiento de cabeza y un gesto educado a las palabras que aquel ángel de ojos azules le dirigió mientras ambos recorrían aquel sendero tranquilo, entendiendo su aclaración y la petición de permiso para poder comunicarse entre sí de una forma menos formal.
-Puedes decirme Katriel si gustas, por supuesto no tengo problema alguno con ello…
Continuó camino a su lado, al parecer al igual que ella no se fijaba realmente por donde iba ni se preocupaba por trazarse un rumbo fijo, solo observaba los alrededores, llenándose de una cálida paz mientras escuchaba atentamente las palabras que Paulina tenía para transmitirle. Volvió a mirar a su interlocutora cuando esta comenzó con lo que parecería la introducción al tema que iban a tratar, diciendo que le hablaría de cómo era la situación actual pero que también estaba allí para disipar cualquier duda que pudiese tener, notando como ahora le devolvía la mirada con una sonrisa serena, mirándola fijamente por uno segundos para después levantar una mano y tomar entre sus dedos un pétalo de flor de cerezo que insistentemente parecía viajar delante de él, escuchando lo que ahora la pelinegra decía, dándole el espacio para expresarse como todo un caballero, para luego esperar su turno a hablar; naturalmente era más importante lo que ella fuese a decir ya que después de todo era la más informada sobre la misión que al parecer se les había encomendado a ambos; y quizás también otros ángeles que habitaban en las distintas partes de Japón.
Escuchó la explicación de su joven compañera mientras olía el pétalo de cerezo para después llevárselo a los labios, posándolo sobre estos delicadamente sin perder de vista el camino ni desconcentrarse de las palabras de quién a su lado caminaba, entrecerrando los ojos al escuchar como ella decía que en las cosas se habían vuelto un caos; sin alarmarse realmente, solo manteniendo su expresión serena, comenzando a pensar que las cosas tal vez si eran graves, tal vez más graves de lo que él había creído.
-En verdad he notado ciertas energías oscuras aparentemente más acrecentadas de lo normal, a decir verdad aún no he tenido oportunidad de introducirme mucho en el tema, como bien sabrás he llegado hace apenas pocos días…-dejando que el pétalo de cerezo volase nuevamente en el viento-… aún así he recorrido algunos puntos de la ciudad pero mayormente de día, supongo que en la noche es cuando en verdad las cosas cambian. –hizo una pausa mientras aun mantenía un andar lento y paciente para después fruncir levemente el ceño- Los superiores no me han hablado mucho en realidad acerca de que es lo que está sucediendo, solamente solicitaron mis traslado a Tokyo y bueno… allí me ves. Por lo poco que pude saber se trata de una especie de rebelión originada en el ceno de la raza vampiro… ¿estoy en lo cierto?... han querido mostrarse al mundo, están queriendo salir del anonimato… ha habido más incidentes de la cantidad que puede llamarse normal…-tomándose el mentón un una mano en señal de estar pesando-… pero no conozco los detalles profundos de los hechos, si es que en verdad los hay…-volviendo a mirarla a ella mientras bajaba su brazo-… me gustaría que me cuente todo lo que sepa, supongo que lo mejor es… conocer a fondo la situación para tonar precauciones… para saber con qué trato realmente… supongo, que mi pregunta especial sería si en verdad saben ¿en verdad conocen quienes son los pilares de esta rebelión? ¿han identificado a alguna persona en especial? O quizás solo se trate… ¿de grupos de seres aislados y no relacionados entre sí?
Dejando su pregunta bien establecida dejó escapar luego un leve suspiro, Katriel era en verdad un ángel joven o al menos en edad humana, naciendo en la tierra y criándose casi como un niño humano más, podía conocer muy bien a aquella raza con la que había convivido toda su vida, pero sabía perfectamente que el mundo era más grande que eso; dichas certezas eran inevitables, y aunque las situación le produjese cierta ansiedad, aún así le resultaba interesante, más que nada porque sabía bien que su misión en el mundo era la de proteger las almas destinadas al paraíso, cuidándolas de la oscuridad y de los desvíos que las tentaciones obscuras pudiesen ofrecerles.
-Puedes decirme Katriel si gustas, por supuesto no tengo problema alguno con ello…
Continuó camino a su lado, al parecer al igual que ella no se fijaba realmente por donde iba ni se preocupaba por trazarse un rumbo fijo, solo observaba los alrededores, llenándose de una cálida paz mientras escuchaba atentamente las palabras que Paulina tenía para transmitirle. Volvió a mirar a su interlocutora cuando esta comenzó con lo que parecería la introducción al tema que iban a tratar, diciendo que le hablaría de cómo era la situación actual pero que también estaba allí para disipar cualquier duda que pudiese tener, notando como ahora le devolvía la mirada con una sonrisa serena, mirándola fijamente por uno segundos para después levantar una mano y tomar entre sus dedos un pétalo de flor de cerezo que insistentemente parecía viajar delante de él, escuchando lo que ahora la pelinegra decía, dándole el espacio para expresarse como todo un caballero, para luego esperar su turno a hablar; naturalmente era más importante lo que ella fuese a decir ya que después de todo era la más informada sobre la misión que al parecer se les había encomendado a ambos; y quizás también otros ángeles que habitaban en las distintas partes de Japón.
Escuchó la explicación de su joven compañera mientras olía el pétalo de cerezo para después llevárselo a los labios, posándolo sobre estos delicadamente sin perder de vista el camino ni desconcentrarse de las palabras de quién a su lado caminaba, entrecerrando los ojos al escuchar como ella decía que en las cosas se habían vuelto un caos; sin alarmarse realmente, solo manteniendo su expresión serena, comenzando a pensar que las cosas tal vez si eran graves, tal vez más graves de lo que él había creído.
-En verdad he notado ciertas energías oscuras aparentemente más acrecentadas de lo normal, a decir verdad aún no he tenido oportunidad de introducirme mucho en el tema, como bien sabrás he llegado hace apenas pocos días…-dejando que el pétalo de cerezo volase nuevamente en el viento-… aún así he recorrido algunos puntos de la ciudad pero mayormente de día, supongo que en la noche es cuando en verdad las cosas cambian. –hizo una pausa mientras aun mantenía un andar lento y paciente para después fruncir levemente el ceño- Los superiores no me han hablado mucho en realidad acerca de que es lo que está sucediendo, solamente solicitaron mis traslado a Tokyo y bueno… allí me ves. Por lo poco que pude saber se trata de una especie de rebelión originada en el ceno de la raza vampiro… ¿estoy en lo cierto?... han querido mostrarse al mundo, están queriendo salir del anonimato… ha habido más incidentes de la cantidad que puede llamarse normal…-tomándose el mentón un una mano en señal de estar pesando-… pero no conozco los detalles profundos de los hechos, si es que en verdad los hay…-volviendo a mirarla a ella mientras bajaba su brazo-… me gustaría que me cuente todo lo que sepa, supongo que lo mejor es… conocer a fondo la situación para tonar precauciones… para saber con qué trato realmente… supongo, que mi pregunta especial sería si en verdad saben ¿en verdad conocen quienes son los pilares de esta rebelión? ¿han identificado a alguna persona en especial? O quizás solo se trate… ¿de grupos de seres aislados y no relacionados entre sí?
Dejando su pregunta bien establecida dejó escapar luego un leve suspiro, Katriel era en verdad un ángel joven o al menos en edad humana, naciendo en la tierra y criándose casi como un niño humano más, podía conocer muy bien a aquella raza con la que había convivido toda su vida, pero sabía perfectamente que el mundo era más grande que eso; dichas certezas eran inevitables, y aunque las situación le produjese cierta ansiedad, aún así le resultaba interesante, más que nada porque sabía bien que su misión en el mundo era la de proteger las almas destinadas al paraíso, cuidándolas de la oscuridad y de los desvíos que las tentaciones obscuras pudiesen ofrecerles.
- Spoiler:
- Ohhh no te preocupes, también voy a la universidad y se lo que es X33
Tomate tu tiempo y respondes cuando puedas, no hay presiones ;3

Katriel Berisch-

Pareja: Aún no llega ese ser indicado...
Obsesión: El chocolate blanco~
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