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Pais: Japon
Ciudad: Tokio
Año: 2012
Temporada: Primavera
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Un descanso...
:: Ciudad de Tokio :: Institutos :: Universidad
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Un descanso...
Apenas si logró llegar a la mesa redondeada antes de que los libros se le cayeran de las manos. En seguida apretó los párpados y tensó los hombros al escuchar como los gruesos volúmenes se estrellaban contra la madera. Se mantuvo así mientras esperaba algun otro sonido que indicara que alguien se acercaba, pero pasaron largos segundos y el lugar se mantenía en el mismo silencio... Entonces finalmente soltó un suspiro.
Últimamente se había estado aventurando mucho más por aquellos rumbos, buscando nueva información en la biblioteca de la universidad, sin embargo por alguna razón no parecía agradarle demasiado a la encargada de dicha sección. La ceñuda mujer con aires de espantapajaros y una mirada penetrante, fría e inquisidora parecía acechar a la joven chica de cabellos castaños trás cada esquina. Incluso más de una vez había sido objeto de sus regaños debido a su torpeza. ¿Por qué iba a tener la culpa ella de que hasta la más mínima imperfección en el tapete rojizo que cubría la enorme sala fuera suficiente para hacerla tropezar? Ese había sido el caso de ese día... Pero es que también estaba muy cansada y el sueño la hacía ver hasta triple... Sabía que debería estar descansando en su casa, pero no podía evitarlo... Debía ojear esos libros primero...
Luego de un bostezo, acomodó sus cabellos largos y ondulados en una coleta y comenzó a revisar los libros, abriéndolos uno por uno y localizando así aquellos capítulos que habían llamado su atención. Así fue leyendo entre líneas acerca de demonios, propiedades mágicas de plantas, criaturas supuestamente inexistentes como unicornios, gnomos y hadas, familias de vampiros, armas funcionales contra los últimos, etc... Increíble que en una universidad aun conservaran ese tipo de libros....
Finalmente cuando hubo terminado se encontraba rodeada de por lo menos diez libros abiertos de par en par que mostraban imágenes supersticiosas y descomunales... Entonces tomó el primero y comenzó a recorrer las palabras....
El tiempo pasaba y sin darse cuenta los párpados comenzaron a caersele... Luchaba para mantenerse consciente, pero de repente las imágenes que se formaban en su cabeza al leer adquirían vida propia, actuando de forma ilógica y antinatural, llevándola a un mundo de ensueño... Sin darse cuenta se quedó dormida, su respiración constante y suave siendo ahora lo único que perturbaba la quietud del lugar...
Últimamente se había estado aventurando mucho más por aquellos rumbos, buscando nueva información en la biblioteca de la universidad, sin embargo por alguna razón no parecía agradarle demasiado a la encargada de dicha sección. La ceñuda mujer con aires de espantapajaros y una mirada penetrante, fría e inquisidora parecía acechar a la joven chica de cabellos castaños trás cada esquina. Incluso más de una vez había sido objeto de sus regaños debido a su torpeza. ¿Por qué iba a tener la culpa ella de que hasta la más mínima imperfección en el tapete rojizo que cubría la enorme sala fuera suficiente para hacerla tropezar? Ese había sido el caso de ese día... Pero es que también estaba muy cansada y el sueño la hacía ver hasta triple... Sabía que debería estar descansando en su casa, pero no podía evitarlo... Debía ojear esos libros primero...
Luego de un bostezo, acomodó sus cabellos largos y ondulados en una coleta y comenzó a revisar los libros, abriéndolos uno por uno y localizando así aquellos capítulos que habían llamado su atención. Así fue leyendo entre líneas acerca de demonios, propiedades mágicas de plantas, criaturas supuestamente inexistentes como unicornios, gnomos y hadas, familias de vampiros, armas funcionales contra los últimos, etc... Increíble que en una universidad aun conservaran ese tipo de libros....
Finalmente cuando hubo terminado se encontraba rodeada de por lo menos diez libros abiertos de par en par que mostraban imágenes supersticiosas y descomunales... Entonces tomó el primero y comenzó a recorrer las palabras....
El tiempo pasaba y sin darse cuenta los párpados comenzaron a caersele... Luchaba para mantenerse consciente, pero de repente las imágenes que se formaban en su cabeza al leer adquirían vida propia, actuando de forma ilógica y antinatural, llevándola a un mundo de ensueño... Sin darse cuenta se quedó dormida, su respiración constante y suave siendo ahora lo único que perturbaba la quietud del lugar...


Re: Un descanso...
Hacía tiempo que no se entretenía con algún humano, eran ya varios los años en que no tenía una mascota. Pero es que nadie le llamaba la atención en esa ciudad oriental con tanta gente rara… De hecho, un par de semanas atrás se había dado por vencido; era seguro que no encontraría a nadie de su interés ahí entre los mortales, pero permanecería en Japón porque la caza era buena y con lo sobrepoblado que estaba el país era muy fácil alimentarse. Y aquella noche no había sido la excepción: se había hecho de un hombre mayor, un pecador con todas sus letras, un abusador y narcotraficante, había sido simplemente delicioso. La sangre de ese ser repugnante aún vivía dentro de él, le calentaba el cuerpo y lo hacía lucir casi como un humano, con sus mejillas y labios más sonrojados de lo natural.
Iba pateando piedras aquella noche, disfrutando del contraste del viento helado contra su piel cálida, hasta que dio con una enorme edificación: una universidad. Algunas luces estaban encendidas, lo cual llamó su atención, haciéndolo adentrarse en las fronteras del patio de esta. Saludó al cuidador en cuanto lo vio y continuó adelante, con su apariencia física pasaba por un estudiante sin ningún problema, aunque quizás si se veía algo menor a un universitario… Vestía unos jeans celeste claro, una camiseta negra y unas zapatillas converse rojo oscuro. Su cabello estaba teñido de rojo aquella noche y sus ojos estaban mínimamente delineados, dándole, como siempre, el aspecto de un jovencito “dark”.
Se paseó por el primer piso, comprobando que no había mucho movimiento ahí, lo cual era bastante obvio ya que lo único que probablemente se podía hacer en una universidad a esa hora era usar los computadores o estudiar en la biblioteca. Así que partió rumbo al cuarto de los libros, reino de los “ratones de biblioteca”.
Abrió la puerta de par en par, dedicándole de inmediato una sonrisa a la bibliotecaria, intentando causar una buena impresión. Se notaba por su rostro y las arrugas de este (señal de un ceño fruncido durante muchos años y una boca curvada hacia abajo) que era una mujer amargada, de esas que sin duda disfrutaba regañando a los alumnos y haciéndolos sentir tontos. Una vieja frustrada, pensó Elijah tras examinar a aquella mujer, desviando después la mirada por todo el sector. Desolado… aparentemente no había nadie, pero podía sentir que había alguien más allí, podía… casi oler la vida de otro humano. Continuó recorriendo la biblioteca hasta dar con un grupo de mesas y sentada en una de ellas yacía una muchacha rodeada de muchos libros, dormida. El vampiro arrugó el entrecejo y achicó los ojos, escrutándola con la mirada, se veía… linda. Casi sin darse cuenta comenzó a caminar hacia ella a paso muy lento y sigiloso, sus pisadas no se podían oír, sus movimientos eran notablemente sobrenaturales, no humanos –suerte que la bibliotecaria no reparó en ello.
No se dio cuenta del resto de sus acciones, lo único que supo es que al cabo de pocos segundos (aunque bien podrían haber sido muchos) estaba encaramado sobre la mesa, acostado boca abajo contra la madera, completamente estirado y con el rostro a menos de un centímetro del de la muchacha. Podía sentir la respiración de ella cosquillearle el rostro, podía ver con todo detalle cada una de sus pestañas oscuras, podía oler el aroma de su piel mortal.
Se asustó de sí mismo, de encontrarse tan extrañamente maravillado por esa simple humana. Pero a la vez no quería retirarse… Quería tocarla, sutilmente, saber cómo era el tacto de sus cabellos castaños. Así que estiró una mano y cogió un mechón con sus largos y pálidos dedos vampíricos, llevándolo hasta su nariz y aspirando el olor de ellos.
Pero algo interrumpió su ensimismamiento: la bibliotecaria lo había visto en aquella postura extraña y había lanzado un grito histérico, exigiéndole que se levantara de la mesa y pidiendo una explicación sobre qué estaba haciendo. Elijah se sobresaltó dando un respingo y desparramando los libros de la mesa, creando un gran alboroto.
Iba pateando piedras aquella noche, disfrutando del contraste del viento helado contra su piel cálida, hasta que dio con una enorme edificación: una universidad. Algunas luces estaban encendidas, lo cual llamó su atención, haciéndolo adentrarse en las fronteras del patio de esta. Saludó al cuidador en cuanto lo vio y continuó adelante, con su apariencia física pasaba por un estudiante sin ningún problema, aunque quizás si se veía algo menor a un universitario… Vestía unos jeans celeste claro, una camiseta negra y unas zapatillas converse rojo oscuro. Su cabello estaba teñido de rojo aquella noche y sus ojos estaban mínimamente delineados, dándole, como siempre, el aspecto de un jovencito “dark”.
Se paseó por el primer piso, comprobando que no había mucho movimiento ahí, lo cual era bastante obvio ya que lo único que probablemente se podía hacer en una universidad a esa hora era usar los computadores o estudiar en la biblioteca. Así que partió rumbo al cuarto de los libros, reino de los “ratones de biblioteca”.
Abrió la puerta de par en par, dedicándole de inmediato una sonrisa a la bibliotecaria, intentando causar una buena impresión. Se notaba por su rostro y las arrugas de este (señal de un ceño fruncido durante muchos años y una boca curvada hacia abajo) que era una mujer amargada, de esas que sin duda disfrutaba regañando a los alumnos y haciéndolos sentir tontos. Una vieja frustrada, pensó Elijah tras examinar a aquella mujer, desviando después la mirada por todo el sector. Desolado… aparentemente no había nadie, pero podía sentir que había alguien más allí, podía… casi oler la vida de otro humano. Continuó recorriendo la biblioteca hasta dar con un grupo de mesas y sentada en una de ellas yacía una muchacha rodeada de muchos libros, dormida. El vampiro arrugó el entrecejo y achicó los ojos, escrutándola con la mirada, se veía… linda. Casi sin darse cuenta comenzó a caminar hacia ella a paso muy lento y sigiloso, sus pisadas no se podían oír, sus movimientos eran notablemente sobrenaturales, no humanos –suerte que la bibliotecaria no reparó en ello.
No se dio cuenta del resto de sus acciones, lo único que supo es que al cabo de pocos segundos (aunque bien podrían haber sido muchos) estaba encaramado sobre la mesa, acostado boca abajo contra la madera, completamente estirado y con el rostro a menos de un centímetro del de la muchacha. Podía sentir la respiración de ella cosquillearle el rostro, podía ver con todo detalle cada una de sus pestañas oscuras, podía oler el aroma de su piel mortal.
Se asustó de sí mismo, de encontrarse tan extrañamente maravillado por esa simple humana. Pero a la vez no quería retirarse… Quería tocarla, sutilmente, saber cómo era el tacto de sus cabellos castaños. Así que estiró una mano y cogió un mechón con sus largos y pálidos dedos vampíricos, llevándolo hasta su nariz y aspirando el olor de ellos.
Pero algo interrumpió su ensimismamiento: la bibliotecaria lo había visto en aquella postura extraña y había lanzado un grito histérico, exigiéndole que se levantara de la mesa y pidiendo una explicación sobre qué estaba haciendo. Elijah se sobresaltó dando un respingo y desparramando los libros de la mesa, creando un gran alboroto.

Elijah Honkaniemi-

Pareja: - Forever alone -
Re: Un descanso...
Aquel sueño se había repetido tantas veces que ya había dejado de asustarla. Además gracias a sus muchas lecturas y practicas en relación con el tema había logrado saber cuando su mente actuaba en la inconsciencia y cuando no... Aun así todavía no era capaz de controlar las situaciones, por lo que a veces no era demasiado agradable...
Se encontraba en la nada...Todo era oscuro y la única luz parecía provenir de ella. Como siempre cargaba el enorme bolso y se aferraba a él de forma inconsciente como si su vida dependiera del mismo. Andaba tranquila mientras observaba todo a su alrededor. Sabía que en cualquier momento comenzarían a aparecer criaturas y objetos extraños que muy posiblemente tendrían que ver con lo mucho que hubiera vivido ese día... Esa vez sin embargo la oscuridad no parecía querer disiparse en absoluto y en cambio se iba alterando, atrayendo su mente hacia la realidad... Por alguna razón el sueño la expulsaba... Estaba despertando...
Sentía una respiración cálida muy cerca de ella y que provocaba cosquillas agradables. Se removió apenas lo que la tosca mesa de madera bajo su pómulo aplastado le permitía, mientras refunfuñaba algo en su aun inconsciecia... Entonces sintió la caricia en su cabello y en seguida sonrió complacida... Su cabeza adormilada le traía la imagen de su padre... Seguro era él el que intentaba despertarla... ¿o su madre...? Pero ella siempre tenía que salir más temprano... Tal vez debía decirle algo...
-Hmmm ¿Pa...? -Murmuró apenas aun sin abrir los ojos, cuando repentinamente sus palabras fueron interrumpidos por un chillido para nada agradable.
En seguida su cuerpo reaccionó incorporándose asustado, aunque en su torpeza adormilada olvidó por completo donde se encontraba y tropezó con la misma silla en la que había estado sentada. El estruendor de su caída fue amortiguado por los libros al estrellarse contra el suelo... no sin embargo la histérica voz de la señora Tendo que pedía a gritos explicaciones acerca de quien sabe que comportamiento impúdico... Aun desubicada se incorporó no sin dificultad mientras se sobaba la espalda ahí donde había caído.
Entonces notó al extraño. Su apariencia era todo a lo que la joven Amara no se acercaría: temible (o por lo menos así lo veía ella, la cual la gente "extraña" le daba pavor... y el era muy extraño). Tenía el cabello teñido de rojo e incluso los ojos delineados... Su imagen contrastaba completamente con la sobria biblioteca que los rodeaba.
-¡Y usted no se salva señoita Vernagó! ¿¡Se puede saber que estaban haciendo usted y su amiguito SOBRE LA MESA EN MI BIBLIOTECA!?
¿"Su amiguito"? El pavor creció entonces dentro de ella, al tiempo que se daba cuenta del desastre a su alrededor: todo tirado, incluso los pesados volúmenes que había reunido. Instintvamente se lanzó a agarrar su bolso, donde revisó que el pequeñisimo miníno aun se encontrara durmiendo como siempre. Iba a soltar un suspiro aliviada pero de nuevo fue interrumpida por la rasposa voz.
-¡ESTOY ESPERANDO UNA EXPLICACIÓN!
-Pe-pero Señora Tendo... ¡No-no se de que habla...! ¡En serio! -Su mirada entonces se dirigió al chico de cabello rojizo pintado. Esta sin embargo no sabía si exigirle al extraño aparecido dicha explicación también o en cambio un poco de ayuda para salir de aquel embrollo.
Se encontraba en la nada...Todo era oscuro y la única luz parecía provenir de ella. Como siempre cargaba el enorme bolso y se aferraba a él de forma inconsciente como si su vida dependiera del mismo. Andaba tranquila mientras observaba todo a su alrededor. Sabía que en cualquier momento comenzarían a aparecer criaturas y objetos extraños que muy posiblemente tendrían que ver con lo mucho que hubiera vivido ese día... Esa vez sin embargo la oscuridad no parecía querer disiparse en absoluto y en cambio se iba alterando, atrayendo su mente hacia la realidad... Por alguna razón el sueño la expulsaba... Estaba despertando...
Sentía una respiración cálida muy cerca de ella y que provocaba cosquillas agradables. Se removió apenas lo que la tosca mesa de madera bajo su pómulo aplastado le permitía, mientras refunfuñaba algo en su aun inconsciecia... Entonces sintió la caricia en su cabello y en seguida sonrió complacida... Su cabeza adormilada le traía la imagen de su padre... Seguro era él el que intentaba despertarla... ¿o su madre...? Pero ella siempre tenía que salir más temprano... Tal vez debía decirle algo...
-Hmmm ¿Pa...? -Murmuró apenas aun sin abrir los ojos, cuando repentinamente sus palabras fueron interrumpidos por un chillido para nada agradable.
En seguida su cuerpo reaccionó incorporándose asustado, aunque en su torpeza adormilada olvidó por completo donde se encontraba y tropezó con la misma silla en la que había estado sentada. El estruendor de su caída fue amortiguado por los libros al estrellarse contra el suelo... no sin embargo la histérica voz de la señora Tendo que pedía a gritos explicaciones acerca de quien sabe que comportamiento impúdico... Aun desubicada se incorporó no sin dificultad mientras se sobaba la espalda ahí donde había caído.
Entonces notó al extraño. Su apariencia era todo a lo que la joven Amara no se acercaría: temible (o por lo menos así lo veía ella, la cual la gente "extraña" le daba pavor... y el era muy extraño). Tenía el cabello teñido de rojo e incluso los ojos delineados... Su imagen contrastaba completamente con la sobria biblioteca que los rodeaba.
-¡Y usted no se salva señoita Vernagó! ¿¡Se puede saber que estaban haciendo usted y su amiguito SOBRE LA MESA EN MI BIBLIOTECA!?
¿"Su amiguito"? El pavor creció entonces dentro de ella, al tiempo que se daba cuenta del desastre a su alrededor: todo tirado, incluso los pesados volúmenes que había reunido. Instintvamente se lanzó a agarrar su bolso, donde revisó que el pequeñisimo miníno aun se encontrara durmiendo como siempre. Iba a soltar un suspiro aliviada pero de nuevo fue interrumpida por la rasposa voz.
-¡ESTOY ESPERANDO UNA EXPLICACIÓN!
-Pe-pero Señora Tendo... ¡No-no se de que habla...! ¡En serio! -Su mirada entonces se dirigió al chico de cabello rojizo pintado. Esta sin embargo no sabía si exigirle al extraño aparecido dicha explicación también o en cambio un poco de ayuda para salir de aquel embrollo.


Re: Un descanso...
No sabía qué hacer. Generalmente hubiera optado por huir o, si la situación lo ameritaba, tomar como sus víctimas a los presentes, pero ahora era diferente… Y el vampiro no sabía por qué. Se encontraba de pie a un costado de la mesa, con los ojos color celeste muy abiertos y una mueca indefinida en todo el rostro. No apartaba la mirada de la mortal, que también le miraba, a pesar de los chillidos de aquella molesta mujer. Su cuerpo estaba tieso, las piernas no le reaccionaban para emprender marcha y largarse de ahí… Y es que en el fondo no quería.
Cuando por fin pudo salir de su “transe” –le tomó aproximadamente medio minuto, pero lo vivió como si hubieran sido cinco- se apresuró a ayudar a recoger los libros de aquella chica, aprovechando así de estar más cerca de ella. Mientras hacía esto alzó la voz para responder a la bibliotecaria.
-Lo siento –comenzó a decir con una voz encantadora y de la manera más caballerosa posible-, es solo que me percaté de que había una araña cerca de mi amiga y quería sacársela… -mintió, obviamente, guiñándole un ojo a Amara sin que la antipática mujer mayor pudiera notarlo. Luego, dejando una pila de libros sobre la mesa, pasó muy cerca de su “compañera” y le dijo en un susurro -¿Vamos afuera? Tengo algo que decirte… Además creo que la vieja está algo molesta con nosotros aquí.
En realidad, no sabía qué decirle, no tenía un plan previo, pero quería hablar con ella, saber su nombre, dónde vivía, qué cosas le gustaban, qué hacía en la biblioteca a esa hora, qué estudiaba, en qué curso iba… En fin, la verdad es que quería saberlo todo.
Esperó un par de segundos antes de girarse e ir en dirección a la salida de la sala, esperando con todas sus ansias que la muchacha lo siguiera, que aceptara su invitación. Aunque la forma en que lo había mirado en un comienzo no lo esperanzaba demasiado; parecía tenerle temor. Suspiró mientras pasaba la puerta, con la cabeza llena de aquellas ideas y dudas. Aunque a decir verdad él mismo hubiera sentido temor de sí, ya que la forma en que había parecido devorar a la humana con la mirada, no era precisamente agradable para nadie de seguro. ¿Por qué había hecho eso? Eran cosas que rondaban en sus pensamientos. Sabía parte de la respuesta: Aquella mujer le encantaba, tenía un “algo” que para él era llamativo. No sabía qué cosa, pero algo había… Su olor, su forma, su cabello, su respiración…. Y ahora que había oído el sonido de su voz, también se había sentido atraído e hipnotizado por él.
Tenía que acceder a una charla con él, si no lo hacía se sentía capaz de inclusive capturarla, llevársela a algún sitio lejano donde nadie pudiera seguirle el rastro e interrogarla sobre cualquier cosa.
Sonrió para sí mismo con la boca torcida en una expresión un tanto descabellada, y es que había notado algo: Se estaba encaprichando. Ya le había ocurrido antes un par de veces, años atrás… Encontraba a una persona especial y la idealizaba, de la noche a la mañana se volvía su centro, el foco de su atención. Aquellas experiencias no había acabado (ni empezado) del todo bien, pero no importaba, debía correr el riesgo con esta nueva chica… Ya quería saber su nombre, su edad, sus fantasías…
Cuando por fin pudo salir de su “transe” –le tomó aproximadamente medio minuto, pero lo vivió como si hubieran sido cinco- se apresuró a ayudar a recoger los libros de aquella chica, aprovechando así de estar más cerca de ella. Mientras hacía esto alzó la voz para responder a la bibliotecaria.
-Lo siento –comenzó a decir con una voz encantadora y de la manera más caballerosa posible-, es solo que me percaté de que había una araña cerca de mi amiga y quería sacársela… -mintió, obviamente, guiñándole un ojo a Amara sin que la antipática mujer mayor pudiera notarlo. Luego, dejando una pila de libros sobre la mesa, pasó muy cerca de su “compañera” y le dijo en un susurro -¿Vamos afuera? Tengo algo que decirte… Además creo que la vieja está algo molesta con nosotros aquí.
En realidad, no sabía qué decirle, no tenía un plan previo, pero quería hablar con ella, saber su nombre, dónde vivía, qué cosas le gustaban, qué hacía en la biblioteca a esa hora, qué estudiaba, en qué curso iba… En fin, la verdad es que quería saberlo todo.
Esperó un par de segundos antes de girarse e ir en dirección a la salida de la sala, esperando con todas sus ansias que la muchacha lo siguiera, que aceptara su invitación. Aunque la forma en que lo había mirado en un comienzo no lo esperanzaba demasiado; parecía tenerle temor. Suspiró mientras pasaba la puerta, con la cabeza llena de aquellas ideas y dudas. Aunque a decir verdad él mismo hubiera sentido temor de sí, ya que la forma en que había parecido devorar a la humana con la mirada, no era precisamente agradable para nadie de seguro. ¿Por qué había hecho eso? Eran cosas que rondaban en sus pensamientos. Sabía parte de la respuesta: Aquella mujer le encantaba, tenía un “algo” que para él era llamativo. No sabía qué cosa, pero algo había… Su olor, su forma, su cabello, su respiración…. Y ahora que había oído el sonido de su voz, también se había sentido atraído e hipnotizado por él.
Tenía que acceder a una charla con él, si no lo hacía se sentía capaz de inclusive capturarla, llevársela a algún sitio lejano donde nadie pudiera seguirle el rastro e interrogarla sobre cualquier cosa.
Sonrió para sí mismo con la boca torcida en una expresión un tanto descabellada, y es que había notado algo: Se estaba encaprichando. Ya le había ocurrido antes un par de veces, años atrás… Encontraba a una persona especial y la idealizaba, de la noche a la mañana se volvía su centro, el foco de su atención. Aquellas experiencias no había acabado (ni empezado) del todo bien, pero no importaba, debía correr el riesgo con esta nueva chica… Ya quería saber su nombre, su edad, sus fantasías…

Elijah Honkaniemi-

Pareja: - Forever alone -
Re: Un descanso...
Sentía su propio latir reventando en sus oídos en aquel momento en el que el mundo parecía haber quedado mudo. Seguía observando intercaladamente al chico de cabellos rojos y a la vieja bruja que era la señora Tendo, esperando que de alguna forma las cosas se aclararan, o por lo menos se tranquilizaran. Habría hecho algo al respecto si por lo menos hubiera tenido alguna idea de lo que estaba sucediendo.
Repentinamente el desconocido pareció recuperar la capacidad del movimiento y se dirigió a recoger los libros que habían caído al suelo. La biblioticaria estaba dispuesta a comenzar su retaíla nuevamente, pero la suave y masculina voz la cortó antes. Aquellas palabras acompañadas del guiño la desconcertaron aun más, por lo que inconscientemente apretó el bolso con más ferza contra su pecho... Los susurros siguientes sin embargo, tan cerca de ella, terminaron por esparcir un suave calor en sus mejillas... Estaba terriblemente sonrojada.
Sin saber como reaccionar nada más se quedó ahí plantada, pestañeando tontamente. "¿Le había dicho que tenía que decirle algo? ¿Pero quién era...? Nunca antes lo había visto... ¿Qué podría querer decirle entonces...?" Sólo había una forma de aveiguarlo...
-¡SEÑORITA VERNAGÓ, NO ME IMPORTA LO QUE SU AMIGO HAYA...!
-Di-disculpe Señora Tendo, pero en serio me tengo que ir... -Interrumpió los nuevos histerimos de la mujer al tiempo que hacía una suave reverencia intentando por todos los medios mostrar todo el respeto posible, cosa que dudaba mucho funcionara si se tomaba en cuenta la forma en que la había cortado y que en esos momentos simplemete huiría de la escena. Así es... Amara estaba dejando incluso los libros que había sacado ahí sobre la mesa y se disponía a seguir al pelirrojo que ya en esos momentos estaba casi en la salida de la biblioteca. Sabía que más tarde se arrepentiría... y posiblemente tendría que rogarle a la Señora Tendo para poder volver entrar al edificio... pero por el momento era huir detrás de aquel extraño y aclarar la necia duda que ahora la acosaba, o quedarse y que la mujer terminara de trapear el piso con ella.
Se sorprendió lo rápido que caminaba el otro y no fue hasta que llegó a la gran puerta que lo alcanzó. Antes de que la enorme ala de madera se le cerrara en la cara se escurrió por el espacio que quedaba para salir a la interperie. En seguida las luces de los faroles encanilaron sus ojos y el frío la golpeó de frente. Era ya tarde y la brisa otoñal lograba disminuir bastante la temperatura del clima. Su aliento acelerado se convertía en volutas de neblina al chocar contra la heladés del aire. Su cuerpo se recostó contra la madera detrás de ella mientras sus manos se apoyaban en sus rodillas intentando recuperar el oxígeno perdido.
-Bien... Aquí estoy... -Dijo con voz entrecortada más para si misma que para el otro. Odiaba cuando debía dar esas carreritas por el motivo que fuera. Era pésima para el deportes y no había forma más humillante de recordarlo que en esos momentos donde poco faltaba para que se muriera de asma. -Estoy segura de que me arrepentiré... -Terminó por decir para luego erguirse y mirar al chico.
-Bi-bien... ¿Debías decirme... algo? -Se armó de todo valor para hablarle al chico directamente. Definitivamete no era demasiado sociable y se estaba saliendo de sus parámetros al hacer tal cosa, pro simplemente no podía evitarlo... La curiosidad era algo que definitivamente lograba dminarla. Lo miró por unos momentos mientras pestañeba y sus mejillas se coloreaban más, no solo debido al frío si no a la vergüenza que aqulla situación le provocaba.
Repentinamente el desconocido pareció recuperar la capacidad del movimiento y se dirigió a recoger los libros que habían caído al suelo. La biblioticaria estaba dispuesta a comenzar su retaíla nuevamente, pero la suave y masculina voz la cortó antes. Aquellas palabras acompañadas del guiño la desconcertaron aun más, por lo que inconscientemente apretó el bolso con más ferza contra su pecho... Los susurros siguientes sin embargo, tan cerca de ella, terminaron por esparcir un suave calor en sus mejillas... Estaba terriblemente sonrojada.
Sin saber como reaccionar nada más se quedó ahí plantada, pestañeando tontamente. "¿Le había dicho que tenía que decirle algo? ¿Pero quién era...? Nunca antes lo había visto... ¿Qué podría querer decirle entonces...?" Sólo había una forma de aveiguarlo...
-¡SEÑORITA VERNAGÓ, NO ME IMPORTA LO QUE SU AMIGO HAYA...!
-Di-disculpe Señora Tendo, pero en serio me tengo que ir... -Interrumpió los nuevos histerimos de la mujer al tiempo que hacía una suave reverencia intentando por todos los medios mostrar todo el respeto posible, cosa que dudaba mucho funcionara si se tomaba en cuenta la forma en que la había cortado y que en esos momentos simplemete huiría de la escena. Así es... Amara estaba dejando incluso los libros que había sacado ahí sobre la mesa y se disponía a seguir al pelirrojo que ya en esos momentos estaba casi en la salida de la biblioteca. Sabía que más tarde se arrepentiría... y posiblemente tendría que rogarle a la Señora Tendo para poder volver entrar al edificio... pero por el momento era huir detrás de aquel extraño y aclarar la necia duda que ahora la acosaba, o quedarse y que la mujer terminara de trapear el piso con ella.
Se sorprendió lo rápido que caminaba el otro y no fue hasta que llegó a la gran puerta que lo alcanzó. Antes de que la enorme ala de madera se le cerrara en la cara se escurrió por el espacio que quedaba para salir a la interperie. En seguida las luces de los faroles encanilaron sus ojos y el frío la golpeó de frente. Era ya tarde y la brisa otoñal lograba disminuir bastante la temperatura del clima. Su aliento acelerado se convertía en volutas de neblina al chocar contra la heladés del aire. Su cuerpo se recostó contra la madera detrás de ella mientras sus manos se apoyaban en sus rodillas intentando recuperar el oxígeno perdido.
-Bien... Aquí estoy... -Dijo con voz entrecortada más para si misma que para el otro. Odiaba cuando debía dar esas carreritas por el motivo que fuera. Era pésima para el deportes y no había forma más humillante de recordarlo que en esos momentos donde poco faltaba para que se muriera de asma. -Estoy segura de que me arrepentiré... -Terminó por decir para luego erguirse y mirar al chico.
-Bi-bien... ¿Debías decirme... algo? -Se armó de todo valor para hablarle al chico directamente. Definitivamete no era demasiado sociable y se estaba saliendo de sus parámetros al hacer tal cosa, pro simplemente no podía evitarlo... La curiosidad era algo que definitivamente lograba dminarla. Lo miró por unos momentos mientras pestañeba y sus mejillas se coloreaban más, no solo debido al frío si no a la vergüenza que aqulla situación le provocaba.


Re: Un descanso...
Que fascinantes podían resultar los mortales… Aún estaba de espaldas a la humana (ya que esta acababa de llegar) y podía oírle respirar de forma agitada, evidentemente se había cansado, aquella pequeña carrera (al menos pequeña para Elijah) la había dejado con el pulso acelerado, que ternura. Giró sobre los talones de sus zapatillas converse rojas para poder mirar a la chica y dejar de darle la espalda. Ahí estaba ella, semi agachada recuperando el aliento, hablando entrecortadamente.
El vampiro alzó una de sus delgadas cejas ante el segundo comentario de la muchacha, era sin duda una frase acertada, al menos desde su punto de vista… Sí, se arrepentiría, quizás no aquella noche ni en los siguientes días, pero tarde o temprano sabía que esa chica se arrepentiría incluso de haber ido a la biblioteca esa noche. Pero por suerte, en ese momento ella no podía ni imaginar lo que iba a ocurrirle.
-Sí… quería hablar contigo y bueno, sacarte de ahí. Aquella mujer no se veía muy amigable. –respondió. No estaba seguro de qué decirle, de cómo entablar con ella alguna conversación que pudiera retenerla. –Por cierto, mi nombre es Elijah, Elijah Honkaniemi… Soy finlandés. –dijo, como aclarando el porqué de su poco común apellido. -¿Cuál es tu nombre?
Le causó gracia que fuese tan vergonzosa, podía adivinarlo por su expresión y la tonalidad que tomaban sus mejillas. Aquello hizo que se le escapara una pequeña risa mientras la miraba, pero debía pensar rápido, tenía que decirle algo, inventar algo, ¿pero qué? De pronto recordó lo que estaba haciendo ella anteriormente, recordó la pila de libros sobre la mesa y, casi como si de memoria fotográfica se tratara, la imagen de una de las hojas con el nombre de diversas criaturas sobrenaturales le llegó a la cabeza.
-Ahm, vi que estabas estudiando. –comenzó a decirle, dando un paso hacia delante a la vez que se frotaba las manos. Estaba muy helado a por el frio del lugar, a pesar de que se había alimentado hace poco. –Y pues, me fijé en la temática de los libros que consultabas… Podría ayudarte, se bastante de esas cosas. –aquello era cierto ¿quién mejor que un vampiro para hablar sobre vampiros? Obviamente no le diría aquello, sería demasiado extraño, demasiado rudo, pero lo que sí hizo fue dejar que sus colmillos puntiagudos y afilados se vieran cuando hablaba. Que ella sacara las conclusiones por si sola si quería. -¿Qué es lo que buscabas exactamente, y qué hacías a esas horas en la biblioteca? –siguió preguntando, acabando con una sonrisa amistosa, pero que dejaba perfectamente al descubierto su dentadura inhumana.
No estaba del todo seguro de que ella se hubiera fijado, quizás solo pensaba que era un chico con problemas serios de ortodoncia, pero al menos ya le había dado una sutil pista; se sentía satisfecho.
El frío se volvía cada vez más intenso y una densa neblina se veía a lo lejos, amenazando con llegar muy pronto donde ellos estaban y cubrirlo todo.
El vampiro alzó una de sus delgadas cejas ante el segundo comentario de la muchacha, era sin duda una frase acertada, al menos desde su punto de vista… Sí, se arrepentiría, quizás no aquella noche ni en los siguientes días, pero tarde o temprano sabía que esa chica se arrepentiría incluso de haber ido a la biblioteca esa noche. Pero por suerte, en ese momento ella no podía ni imaginar lo que iba a ocurrirle.
-Sí… quería hablar contigo y bueno, sacarte de ahí. Aquella mujer no se veía muy amigable. –respondió. No estaba seguro de qué decirle, de cómo entablar con ella alguna conversación que pudiera retenerla. –Por cierto, mi nombre es Elijah, Elijah Honkaniemi… Soy finlandés. –dijo, como aclarando el porqué de su poco común apellido. -¿Cuál es tu nombre?
Le causó gracia que fuese tan vergonzosa, podía adivinarlo por su expresión y la tonalidad que tomaban sus mejillas. Aquello hizo que se le escapara una pequeña risa mientras la miraba, pero debía pensar rápido, tenía que decirle algo, inventar algo, ¿pero qué? De pronto recordó lo que estaba haciendo ella anteriormente, recordó la pila de libros sobre la mesa y, casi como si de memoria fotográfica se tratara, la imagen de una de las hojas con el nombre de diversas criaturas sobrenaturales le llegó a la cabeza.
-Ahm, vi que estabas estudiando. –comenzó a decirle, dando un paso hacia delante a la vez que se frotaba las manos. Estaba muy helado a por el frio del lugar, a pesar de que se había alimentado hace poco. –Y pues, me fijé en la temática de los libros que consultabas… Podría ayudarte, se bastante de esas cosas. –aquello era cierto ¿quién mejor que un vampiro para hablar sobre vampiros? Obviamente no le diría aquello, sería demasiado extraño, demasiado rudo, pero lo que sí hizo fue dejar que sus colmillos puntiagudos y afilados se vieran cuando hablaba. Que ella sacara las conclusiones por si sola si quería. -¿Qué es lo que buscabas exactamente, y qué hacías a esas horas en la biblioteca? –siguió preguntando, acabando con una sonrisa amistosa, pero que dejaba perfectamente al descubierto su dentadura inhumana.
No estaba del todo seguro de que ella se hubiera fijado, quizás solo pensaba que era un chico con problemas serios de ortodoncia, pero al menos ya le había dado una sutil pista; se sentía satisfecho.
El frío se volvía cada vez más intenso y una densa neblina se veía a lo lejos, amenazando con llegar muy pronto donde ellos estaban y cubrirlo todo.

Elijah Honkaniemi-

Pareja: - Forever alone -
Re: Un descanso...
Apenas recuperaba el aliento cuando escuchó aquella voz suave, casi aterciopelada. Era un tono antinatural y extraño, aunque no podía definir el por qué... Mientras ponía atención a sus palabras se dió el lujo de hacer un segundo análisis veloz del chico... En realidad no entendía como en un principio le había causado tanto temor. Era cierto que tenía una apariencia por la cual algunos se intimidarían... el cabello teñido de ese intenso color rojizo, los ojos delineados y aquellas sombras profundas que tenía por ojeras, las cuales acentuaban aun más su mirada ambigua entre el intenso azul y el verde llamativo... A parte de esto sin embargo, tenía una fisionomía más bien fina... facciones elegantes y agudas, incluso no era más alto que ella y presentaba más bien una contextura delgada... ¿Entonces por qué había tenido una impresión tan fuerte la primera vez que lo había visto...?
-¿Hablar... conmigo...? -Nuevamente se encontraba pensando si podía tal vez ya conocer a aquel chico de antes. Ella definitivamente no tenía mala memoria, aun así el contrario le hablaba con tanta familiaridad que comenzaba a dudar de su propio criterio. -Oh... gracias... -Una ligera sonrisa apenasa se formó en sus labios al escuchar como mencionaba a la señora Tendo. Aun no entendía realmente como había llegado a tal situación... mucha gente se dormía en las bibliotecas, así que ese no podría haber sido el problema... pero entonces qué había estado haciendo el pelirrojo junto a ella. ¿No habría sido una araña en serio o sí...? ¡Le había guiñado el ojo! Definitivamente el debía haber sido la causa del histerismo de la vieja bruja... ¿o no...? De igual manera realmente tenía que agradecerle. Si no seguramente seguiría ahí dentro escuchando su voz chillona y rasposa.
No, definitivamente no lo conocía. Nunca había escuchado ese nombre. ¿Elijah...? ¿Finlandés...? ¿De donde había salido ese sujeto...? -A-Amara... Amara Vernagó. -Se apresuró a agregar el apellido no queriendo ser descortés con él. -Soy japonesa... d-de padres extranjeros claro, irlandeses...
Al ver como reía ligeramente no pudo evitar que su sonrojo, el cual había comenzado a disminuir, estallara de nuevo con repentina intensidad. No podía dejar de pensar en lo anormal que era aquella situación; seguía sin entender por qué se encontraba ahí en primer lugar; además de que la presencia del chico le causaba una incertidumbre que aun no lograba decifrar... ¿y además se reía...? ¿Sería que ella era simplemente demasiado torpe para la vida...? Podía imaginar que así pensaba el chico... más con su refinada y atractiva presencia... ¿Pero entonces qué quería realmente de ella...?
Se hubiera seguido hundiendo en sus cavilaciones si no hubiera vuelto a escuchar su voz. No sólo eso, si no que se había acercado también más a ella. En seguida desvió la mirada sientiendo el nerviosismo bullir de nuevo. Entonces notó como aun cargaba el abrigo en sus brazos. Ante la pequeña corrida y el constante sonrojo de sus mejillas no había notado el frío que hacía. Comenzó a ponerselo con ademanes distraídos para evitar concentrarse en la presencia más cercana de Elijah. Repentinamente sin embargo, las palabras mágicas llegaron a sus oídos y detuvieron sus acciones en seguida. Su mirada azulina se clavó entonces en el contrario de forma tan intensa que no parecían ser los mismos ojos de hacía unos momentos.
-¿En serio? -La emoción era auténtica y cristalina e iba acompañada de una sonrisa radiante. Después de todo no había conocido a nadie que se hubiera acercado a ella con el fin de compartir tal interés... Era tanto el sentimiento que ni siquiera se fijó en los sobresalientes colmillos, blancos y brillantes, que tan bien se distinguían en el chico.
-Oh... Bueno... -Su rostró adquirió un gesto pensativo. -En realidad busco todo tipo de información... de cualquier tema sobrenatural... -De repente su hablar se había vuelto atolondrado pero fluído, un cambio drástico en su personalidad. -Todo me interesa... y me es útil... -Ahora era ella la que inconscientemente se acercaba al pelirrojo para estar cara a cara con él; mientras tanto terminaba de ponerse el abrigo marrón. -Y bueno... -Volvió a sonrojarse ligeramente, aunque esta vez sin perder esa sonrisa natural y alegre. -Siempre tiendo a quedarme hasta que cierra... cuando encuentro algo que me llama la atención... Esta vez sin emabargo... estaba un tanto cansada... y me quedé dormida...
Ahora si que notaba el frío y mientras sacaba sus delgados guantes para esas noches otoñales, se percató de que Elijah también había estado dando muestras de incomodidad ante el clima... -Ahm... -Comenzó ligeramente apenada. -Creo que comenzara a bajar mucho la temperatura... Sería mejor... si nos resguardaramos... -Pensó que habría uno que otro Pub abierto cerca de la universidad precisamente debido a los estudiantes que salían a esa hora de alguna clase tardía... Tal vez podrían ir a alguno...
Había olvidado todos sus pensamientos hasta el momento. Elijah había dado en el clavo y había despertado su interés...
-¿Hablar... conmigo...? -Nuevamente se encontraba pensando si podía tal vez ya conocer a aquel chico de antes. Ella definitivamente no tenía mala memoria, aun así el contrario le hablaba con tanta familiaridad que comenzaba a dudar de su propio criterio. -Oh... gracias... -Una ligera sonrisa apenasa se formó en sus labios al escuchar como mencionaba a la señora Tendo. Aun no entendía realmente como había llegado a tal situación... mucha gente se dormía en las bibliotecas, así que ese no podría haber sido el problema... pero entonces qué había estado haciendo el pelirrojo junto a ella. ¿No habría sido una araña en serio o sí...? ¡Le había guiñado el ojo! Definitivamente el debía haber sido la causa del histerismo de la vieja bruja... ¿o no...? De igual manera realmente tenía que agradecerle. Si no seguramente seguiría ahí dentro escuchando su voz chillona y rasposa.
No, definitivamente no lo conocía. Nunca había escuchado ese nombre. ¿Elijah...? ¿Finlandés...? ¿De donde había salido ese sujeto...? -A-Amara... Amara Vernagó. -Se apresuró a agregar el apellido no queriendo ser descortés con él. -Soy japonesa... d-de padres extranjeros claro, irlandeses...
Al ver como reía ligeramente no pudo evitar que su sonrojo, el cual había comenzado a disminuir, estallara de nuevo con repentina intensidad. No podía dejar de pensar en lo anormal que era aquella situación; seguía sin entender por qué se encontraba ahí en primer lugar; además de que la presencia del chico le causaba una incertidumbre que aun no lograba decifrar... ¿y además se reía...? ¿Sería que ella era simplemente demasiado torpe para la vida...? Podía imaginar que así pensaba el chico... más con su refinada y atractiva presencia... ¿Pero entonces qué quería realmente de ella...?
Se hubiera seguido hundiendo en sus cavilaciones si no hubiera vuelto a escuchar su voz. No sólo eso, si no que se había acercado también más a ella. En seguida desvió la mirada sientiendo el nerviosismo bullir de nuevo. Entonces notó como aun cargaba el abrigo en sus brazos. Ante la pequeña corrida y el constante sonrojo de sus mejillas no había notado el frío que hacía. Comenzó a ponerselo con ademanes distraídos para evitar concentrarse en la presencia más cercana de Elijah. Repentinamente sin embargo, las palabras mágicas llegaron a sus oídos y detuvieron sus acciones en seguida. Su mirada azulina se clavó entonces en el contrario de forma tan intensa que no parecían ser los mismos ojos de hacía unos momentos.
-¿En serio? -La emoción era auténtica y cristalina e iba acompañada de una sonrisa radiante. Después de todo no había conocido a nadie que se hubiera acercado a ella con el fin de compartir tal interés... Era tanto el sentimiento que ni siquiera se fijó en los sobresalientes colmillos, blancos y brillantes, que tan bien se distinguían en el chico.
-Oh... Bueno... -Su rostró adquirió un gesto pensativo. -En realidad busco todo tipo de información... de cualquier tema sobrenatural... -De repente su hablar se había vuelto atolondrado pero fluído, un cambio drástico en su personalidad. -Todo me interesa... y me es útil... -Ahora era ella la que inconscientemente se acercaba al pelirrojo para estar cara a cara con él; mientras tanto terminaba de ponerse el abrigo marrón. -Y bueno... -Volvió a sonrojarse ligeramente, aunque esta vez sin perder esa sonrisa natural y alegre. -Siempre tiendo a quedarme hasta que cierra... cuando encuentro algo que me llama la atención... Esta vez sin emabargo... estaba un tanto cansada... y me quedé dormida...
Ahora si que notaba el frío y mientras sacaba sus delgados guantes para esas noches otoñales, se percató de que Elijah también había estado dando muestras de incomodidad ante el clima... -Ahm... -Comenzó ligeramente apenada. -Creo que comenzara a bajar mucho la temperatura... Sería mejor... si nos resguardaramos... -Pensó que habría uno que otro Pub abierto cerca de la universidad precisamente debido a los estudiantes que salían a esa hora de alguna clase tardía... Tal vez podrían ir a alguno...
Había olvidado todos sus pensamientos hasta el momento. Elijah había dado en el clavo y había despertado su interés...


Re: Un descanso...
Podía notar la confusión de aquella humana, al igual que esa expresión analítica y tal vez algo confundida. Sabía que estaba extrañada, demasiado, y todo era por él… Suerte que el haberle mencionado que conocía sobre criaturas sobrenaturales había acaparado su atención, aunque probablemente no al punto de conseguir que se fijase en sus peculiares caninos. Aquello, el despiste de ella, sacó una nueva sonrisa de los labios del muchacho nórdico, quien notaba como su acompañante parecía entrar más en confianza o al menos no darse cuenta de que estaba acercándosele.
-Pues es un gusto, Amara Vernagó… -sonrió cordialmente, para después añadir –Me alegro que seas de Japón, yo no conozco mucho de este país, llegué no hace mucho tiempo. Todo me parece agitado aquí, es fascinante pero a la vez un poco perturbador. Mucha gente, muchos estilos extraños, tecnología por doquier… -aquel último tópico, la tecnología, era lo que más le inquietaba y moría de ganas por preguntarle a la joven todo sobre los múltiples aparatos, verla usarlos y que le enseñara a hacerlo.
La observó abrigarse un poco y hacer aquella acotación respecto al clima. Ya no se acordaba cómo era sentir frío siendo humano, no sabía si ella lo sentía de la misma forma que él. Probablemente no… Además, Amara podía morir de frío en una situación extrema, él en cambio no. Sí sentía como la piel se le helaba, el clima seguía teniendo un efecto en él y añoraba el calor, pero ¿lo sentiría de la misma manera ella? Quizás algún día podría preguntárselo, pedirle que le detallara todo cuanto sentía, pensaba y hacía. Se tragó un suspiro, puesto ya comenzaba a llenársele la cabeza de ideas obsesivas para con la mortal.
Tras salir de sus meditaciones extrañas, comenzó a dar un par de pasos en otra dirección, deteniéndose después de inmediato y girando el rostro para mirarla por sobre el hombro, haciéndole un ligero gesto con un movimiento de la cabeza como indicándole que le siguiera. Si le había mencionado que era mejor resguardarse le haría caso sin duda, de hecho, eso era lo que él quería. Contenía su expresión de felicidad para no levantar la alarma en Amara, pero es que se sentía muy emocionado de que hubiera aceptado continuar con él y no, por ejemplo, largarse a su casa o pedirle que se le alejara.
-Vayamos a algún lugar cálido. La noche es joven… -murmuró aun sin volver a emprender la marcha, esperándola -¿Qué cosas te gusta hacer? En esta dirección hay un par de discoteques, pubs y restaurantes que podrían cobijarnos.
La neblina ya había hecho de las suyas, cubriendo gran parte de la calle y haciéndose cada vez más densa, al punto de que el vampiro suponía que en unos minutos más ya no sería fácil ver a más de dos metros de distancia. Aunque a él eso la verdad no le preocupaba… Extendió su brazo derecho, como ofreciéndoselo a Amara mientras le decía –Será mejor que vayamos bien juntos, así no tropezaremos con nada por la poca visibilidad que hay. –Moría de ganas por poder sentir el contacto de ella, dejar que le transmitiera el calor de su cuerpo con un simple apretón de su mano. No le importaba ir a un bar, una disco, a comer, lo que fuera. Dudaba poner atención a estímulos externos que no fueran aquella mortal.
Era hermoso estar así, sintiendo aquella intriga, aquel capricho de conocer a alguien sin tener –al menos por ahora- el deseo de matarla y beber de ella.
-Pues es un gusto, Amara Vernagó… -sonrió cordialmente, para después añadir –Me alegro que seas de Japón, yo no conozco mucho de este país, llegué no hace mucho tiempo. Todo me parece agitado aquí, es fascinante pero a la vez un poco perturbador. Mucha gente, muchos estilos extraños, tecnología por doquier… -aquel último tópico, la tecnología, era lo que más le inquietaba y moría de ganas por preguntarle a la joven todo sobre los múltiples aparatos, verla usarlos y que le enseñara a hacerlo.
La observó abrigarse un poco y hacer aquella acotación respecto al clima. Ya no se acordaba cómo era sentir frío siendo humano, no sabía si ella lo sentía de la misma forma que él. Probablemente no… Además, Amara podía morir de frío en una situación extrema, él en cambio no. Sí sentía como la piel se le helaba, el clima seguía teniendo un efecto en él y añoraba el calor, pero ¿lo sentiría de la misma manera ella? Quizás algún día podría preguntárselo, pedirle que le detallara todo cuanto sentía, pensaba y hacía. Se tragó un suspiro, puesto ya comenzaba a llenársele la cabeza de ideas obsesivas para con la mortal.
Tras salir de sus meditaciones extrañas, comenzó a dar un par de pasos en otra dirección, deteniéndose después de inmediato y girando el rostro para mirarla por sobre el hombro, haciéndole un ligero gesto con un movimiento de la cabeza como indicándole que le siguiera. Si le había mencionado que era mejor resguardarse le haría caso sin duda, de hecho, eso era lo que él quería. Contenía su expresión de felicidad para no levantar la alarma en Amara, pero es que se sentía muy emocionado de que hubiera aceptado continuar con él y no, por ejemplo, largarse a su casa o pedirle que se le alejara.
-Vayamos a algún lugar cálido. La noche es joven… -murmuró aun sin volver a emprender la marcha, esperándola -¿Qué cosas te gusta hacer? En esta dirección hay un par de discoteques, pubs y restaurantes que podrían cobijarnos.
La neblina ya había hecho de las suyas, cubriendo gran parte de la calle y haciéndose cada vez más densa, al punto de que el vampiro suponía que en unos minutos más ya no sería fácil ver a más de dos metros de distancia. Aunque a él eso la verdad no le preocupaba… Extendió su brazo derecho, como ofreciéndoselo a Amara mientras le decía –Será mejor que vayamos bien juntos, así no tropezaremos con nada por la poca visibilidad que hay. –Moría de ganas por poder sentir el contacto de ella, dejar que le transmitiera el calor de su cuerpo con un simple apretón de su mano. No le importaba ir a un bar, una disco, a comer, lo que fuera. Dudaba poner atención a estímulos externos que no fueran aquella mortal.
Era hermoso estar así, sintiendo aquella intriga, aquel capricho de conocer a alguien sin tener –al menos por ahora- el deseo de matarla y beber de ella.

Elijah Honkaniemi-

Pareja: - Forever alone -
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